MADRID 4 Jun. (OTR/PRESS) -
El retorno y ascenso de la ultraderecha en Europa, de la que conviene recordar que es epígona del nazi-fascismo que la devastó y sembró de decenas de millones de cadáveres, preocupa, pero tanto o más debería hacerlo la penetración de sus postulados y objetivos en aquellos partidos tradicionalmente sumisos, hasta hoy, a los principios democráticos. Hasta hoy, porque esa contaminación ultra acaba de cristalizar escandalosamente en la decisión de la Unión Europea de crear centros de deportación en terceros países para inmigrantes irregulares y peticionarios de asilo con sus solicitudes denegadas. Es decir, campos de concentración en Ruanda, en Uganda o en Uzbekistán. Con ello, la Europa democrática, edificada en sintonía con los valores contenidos en la Declaración de los Derechos Humanos, se hace el harakiri, hunde la daga del egoísmo y la impiedad en su vientre ahíto.
La aberración inicial de semejante medida radica en el hecho de condenar con la privación de la libertad a quien ni ha sido juzgado ni ha cometido ningún delito. Residir y trabajar sin papeles en un país extranjero puede significar una infracción administrativa, pero en ningún caso un motivo legal ni moral para ser enviado a un almacén o pudridero humano situado en cualquier estado corrupto o de escaso o nulo respeto a los derechos humanos precisamente. El acuerdo, no sólo inspirado por la ultraderecha, sino elaborado con su participación en la Comisión Europea, avala y refuerza la política anti inmigratoria de Meloni, la que subcontrató a Albania para establecer en ella sus campos de deportación y que fué en su día revocada por jueces italianos.
En un vano intento de suavizar semejante atropello, la medida acordada por una mayoría de miembros de la UE y denunciada por España establece la provisionalidad de la estadía de los secuestrados en esas prisiones, en tanto son reenviados a sus países de orígen, de los que huyeron. Inspirado descaradamente en los pogromos de Trump contra los inmigrantes hispanos, ¿creará la Unión Europea bandas de matones como las del ICE para sus redadas? ¿Hablará con Bukele? ¿Recomendará a las autoridades de Ruanda o de Uganda la ubicación de esos centros en ciénagas atestadas de cocodrilos? ¿Destruirá familias con la separación de cónyuges, de hermanos o de padres e hijos? Se empieza con la "prioridad nacional" y se acaba en eso.