MADRID 2 Ene. (OTR/PRESS) -
A falta de la festividad de Reyes, dedicada de manera especial a los niños, ya estamos instalado, de nuevo en la rutina. Un año más atrás han quedado las fechas navideñas en las que los sentimientos, quizás escondidos, afloran en las cenas familiares como paso previo a la Nochevieja en la que parece una obligación la máxima felicidad, la máxima alegria aunque la procesión vaya por dentro.
Superadas estas fechas, siempre especiales, poco a poco volvemos a la rutina. A la rutina de nuestras vidas personales, esa en la que nos encontramos cómodos y seguros y la rutina de nuestra convulsa vida política que en este año que ahora comienza tiene un indestructible aroma electoral.
Las citas electorales están fijadas a excepción de Andalucía cuya fecha, Moreno Bonilla se la está pensando. Va a ser interesante, en el caso de que se cumplan los pronósticos y el PP sea la primera fuerza en todas ellas pero sin el apoyo suficiente para gobernar en solitario, sus acuerdos o desacuerdos con VOX van a ser objeto de múltiples miradas, aunque lo ideal sería que el PP, al igual que el PSOE, en su caso, no necesitara de apoyos externos que condicionaran más allá de lo razonable, la gobernabilidad sin sobresaltos, sin ocurrencias, sin ideas peregrinas. Lo menos que se puede pedir a VOX es menos altanería y realismo para conocer su peso real respecto al PP que, en ningún caso, debería hacer cesiones que necesitarán especial explicación.
En esta rutina ya casi estrenada está trufada de asuntos judiciales que de una u otra manera afectan al PSOE y al Gobierno. En política nunca se puede se puede decir nunca porque siempre es posible todo, pero a priori todo parece indicar que en lo que afecta al Gobierno nada especial va a ocurrir. Pedro Sánchez va a continuar con o sin el apoyo del Parlamento, estableciendo así un precedente nunca visto en democracia. Feijoo se ha comprometido y repetido que el no es como Pedro Sánchez pero le bastaría parecerse solo un poquito para que si llega al,poder, gobernar con tranquilidad. Si no hay presupuestos no pasa nada, si se dan giros en política internacional y no se explican, aquí paz y después gloria y si le surgieran casos de corrupción le bastaría hablar de contundencia como si el,pasara por ahí. Y, por supuesto, tiene una debacle electoral como la del psoe en Extremadura, cero comentarios. Gobernar así, con esta falta de pudor y sin perder la sonrisa es atributo de unos pocos entre los que Feijoo no se encuentra. En esta rutina que poco a poco vuelve a instalarse en nuestro día a día, lo que sí es seguro es que no nos va,os a aburrir, al menos los que por profesión debemos seguir el acontecer nacional porque la caja de sorpresas apenas si se ha abierto. Todo y solo es cuestión de tiempo.