7 de junio de 2020
 
Actualizado 18/12/2008 0:00:15 +00:00 CET

Consuelo Sánchez-Vicente.- ¿Alguien gobierna esta barca?

MADRID, 18 Dic. (OTR/PRESS) -

Hay cierto regustillo burlón en muchos de los comentarios de las tertulias y de la calle sobre la gran estafa de "los ricos también lloran" de la pirámide de Madoff. 50.000 millones de dólares, 37.000 en euros, un barbaridad inimaginable de dinero que simplemente se ha esfumado. Por una vez no le ha tocado a los mismos, parece decir la media sonrisa de conejo que se le escapa a muchos comentaristas, a la mayoría yo diría que deliberadamente, a los menos sin querer que es feo reírse del mal ajeno.

Para el club de los selectos estafados por la hiperboutique de la banca privada más deseada, el susodicho Madoff, el quebranto yo creo que va a ser más moral que económico, pues por lo que sabemos de ellos, que la verdad no es mucho, de comer y de vestir no les va a faltar, ni de vivir, y más que rebién... este mordisco a los ahorros estafados, mareante para los simples mortales, no parece que vaya a ir más allá de no poder cambiar de jet o de yate... este año

Lo que a mi me interesa de esta historia y por lo que la traigo aquí es que no tengo tan claro que 'los de siempre' (los paganos de guardia, los ciudadanos normales y molientes fritos a impuestos) se vayan a ir tan de rositas como podría parecer de esta estafa contra los ricos. Todo lo que vamos sabiendo sobre la pirámide de Madoff apunta hacia una total y absoluta falta de controles sobre el antes prestigiosísimo guru de Wall Street y ahora estafador. NI una sola de las instituciones, organismos o autoridades que creemos que vigilan que pasa con nuestros dineros cuando entran en una entidad financiera, han funcionado en este caso, con el agravante de que los muy muy ricos se supone que están muy muy bien asesorados. Y eso a pesar de que según hemos sabido ahora las luces de alarma se encendieron a tiempo. Pero, no les hicieron caso

¿Era posible que las fluctuaciones del mercado, que a veces sube y a veces baja, no afectasen a las ganancias, siempre igual de estratosféricas, del chiringuito financiero de Madoff? No, pero mientras los duros caían a cuatro pesetas en la bolsa, nadie quiso preguntar cómo ni por qué ni de donde. Lo que a mi me preocupa de todo esto no es que ahora que toca perder, los estafados pierdan (espero que con la misma discreción que antes ganaban), sino que ni lo más ricos y mejor asesorados del mundo estén a salvo en esta crisis. La desconfianza es contagiosa y la incertidumbre asusta. Ya estábamos sobrados de ambas, más que servidos. La estafa Madoff yo creo que las multiplica por infinito.

Consuelo Sánchez-Vicente.