Fermín Bocos.- Acabar con la corrupción

Publicado 01/04/2015 12:00:10CET

MADRID, 1 Abr. (OTR/PRESS) -

Tras sus entrevistas con los dirigentes de los partidos que obtuvieron representación parlamentaria en los comicios del pasado 22 de marzo, la señora Susana Díaz, presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, dispone de información suficiente como para saber que en la votación de investidura no podrá contar con otro apoyo que el de los 47 diputados del Partido Socialista. Insuficientes para lograr sacarla adelante en primera votación, dado que la mayoría está en los 55 escaños. A reserva, claro está, de que accediera a exigir a sus predecesores en el cargo (los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán) que renunciaran a sus actas en el Parlamento nacional, condición impuesta por Albert Rivera para contar con el voto favorable a la investidura por parte de los nueve diputados de Ciudadanos.

Como no parece probable que Díaz quiera colocar en la picota a sus mentores políticos, inmersos como están en vísperas judiciales por el doble caso de los ERE y los fondos de formación, para ser investida tendrá que aguardar a la votación en segunda vuelta. Gobernará en solitario teniendo que aprobar en precario los Presupuestos y confiando en que la heterogeneidad de los partidos de la oposición aleje la espada de Damocles de una eventual moción de censura.

Con todo, dado el compromiso de lucha contra la corrupción adquirido durante la campaña electoral y vistas las últimas ramificaciones de la investigación practicada en diversas ciudades de Andalucía por la juez Mercedes Alaya en relación con los indicios generalizados de fraude de los cursos de formación, parece llegada la hora de demostrar con hechos, no con palabras y promesas, que con ella se van a terminar las corruptelas a cargo del erario autonómico y también el clientelismo político que --caso de la dimitida delegada de Empleo de Jaén-- degradan la democracia y dan pie al infamante calificativo de "régimen" que, tras 36 años de gobierno socialista, todavía apellida a la Junta de Andalucía.

Pese a que el signo de las votaciones pueda sugerir lo contrario, estoy convencido de que es a los andaluces a los primeros a quienes molesta la recurrente aparición de nuevos casos de corrupción. La señora Díaz tiene en sus manos la oportunidad de acabar con esas prácticas. Ojalá lo consiga.