MADRID 11 Abr. (OTR/PRESS) -
Es pronto para saber cuánto tiempo costará recuperar el orden y las pautas de acción sometidas al Derecho Internacional que en líneas generales regían el mundo hasta que la Rusia de Vladimir Putin desató una guerra de conquista territorial en Ucrania y posteriormente , tras su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump decidió atacar a Irán habiéndolo hecho anteriormente contra Venezuela.
Por el camino se habían producido otras agresiones: en octubre del 2023 milicias palestinas de Hamás habían penetrado en el sur de Israel asesinando a un millar de personas y capturando como rehenes a tres centenares. La repuesta de Israel reduciendo prácticamente a cenizas la mayor parte de Gaza según fuentes palestinas deja un saldo de setenta mil victimas. Ninguno de estos actos de guerra ha contado con el respaldo de Naciones Unidas, organización, por así decirlo, políticamente hemipléjica dada la capacidad de veto que empodera a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, algunos de ellos -Federación Rusa, Estados Unidos- implicados directamente en los mencionados episodios de guerra.
Ha sido el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien ha levantado la voz invitando a los países del Viejo Continente a tomar la dirección de la política de seguridad y defensa ante la evidencia de la irrelevancia de la Unión Europea en esta cuestión y la incertidumbre que rodea el futuro de la OTAN ninguneada por Donald Trump. La llamada de Macron no ha caído en el vacío aunque no ha encontrado demasiado eco. Quizá porque, tras tres cuartos de siglo, bajo el paraguas de la Alianza Atlántica nadie parecía concebir la necesidad de pensar en un escenario en el que Europa se viera abocada a asumir su propia defensa sin contar con el "amigo americano". Pero las cosas pueden estar cambiando. Alemania y Bélgica incentivan la incorporación de los jóvenes al servicio militar, Francia amplia la capacidad nuclear de su Armada, Suecia se rearma y el Reino Unido, blanco de los reproches de Trump, parece que está dejando de mirar hacia el Oeste.
España, como se ha visto en recientes reuniones a las que nuestro Gobierno no ha sido convocado, cuenta poco. Pero en épocas de transición el futuro es de quien sabe adaptarse y anticiparse. Puede que estemos ante una oportunidad para Europa.