MADRID 7 Abr. (OTR/PRESS) -
Tres meses después de haber celebrado elecciones, Extremadura sigue sin gobierno. La suma de los diputados conseguidos por el PP más los de Vox -60% del Parlamento elegido- supera con creces la mayoría exigida para resolver la situación. Pero la cosa sigue empantanada. Con el calendario avisando de que se va agotando el plazo que marca la ley, que determina que habría que repetir los comicios pasados dos meses del debate fallido de investidura. Las elecciones fueron el 21 de diciembre y han pasado más de cien días.
Dos no pactan si uno no quiere y sabido que el PP quiere la pregunta habría que trasladársela a los dirigentes de Vox. ¿Por qué un partido que consiguió 7 diputados ningunea a quien obtuvo 29?¿A qué están jugando? Marean la perdiz -no solo en Extremadura, también en Aragón y en Castilla y León- como estrategia para ganar tiempo esperando. Esperando ¿qué?¿Que se apaguen las críticas a la dirección de Vox provocadas por el proceso de purgas internas?¿O es el miedo a asumir responsabilidades en la gestión de los respectivos gobiernos regionales?
Los estudios de intención de voto trasladan la idea de que una parte del electorado del partido que dirige Santiago Abascal procede de antiguos votantes del PP a quienes decepcionó el partido en tiempos de la presidencia de Mariano Rajoy. Otra, la corriente populista -voto esencialmente joven- tendría que ver con la insatisfacción social que da pie a la politización del resentimiento. No se puede evitar que haya gente insatisfecha y que canalice ese sentimiento apoyando discursos que ofrecen soluciones fáciles a problemas complejos. Pero planteadas desde la tribuna y el megáfono, sin bajar a la arena, a la tarea concreta de gestionar. En el caso de Vox, salvo una corta experiencia en gobiernos de coalición fallidos, su trayectoria está siendo toreo de salón. Ruidoso pero desde la barrera. Circunstancia que, por volver a la situación de bloqueo en Extremadura, mueve a pensar que, visto que el tiempo pasa y ese pasar está siendo aprovechado por el PSOE para recuperarse a nivel nacional -así lo reflejan algunas encuestas-, la cosa empieza a tornarse oscuridad.
¿Que pensará un extremeño, un aragonés o un castellanoleonés que haya votado a Vox cuando escucha a los dirigentes de este partido proclamar que quieren acabar con el sanchismo y desalojar a Pedro Sánchez de La Moncloa, pero resulta que cuando está en su mano avanzar en esa dirección se dedican a marear la perdiz? La cosa , como digo, da que pensar. '¿Quid prodest?' ¿A quien beneficia?