Publicado 25/01/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Y ahora ¿cómo llamamos al aeropuerto Adolfo Suárez?

MADRID 24 Ene. (OTR/PRESS)

Si hiciésemos caso, que esperemos que no, a la dirigente de Podemos, Ione Belarra, habría que cambiar el nombre del aeropuerto de Madrid-Barajas, que se bautizó como Adolfo Suárez. Según la señora Belarra, y en virtud de una denuncia recibida hace escasas semanas relacionada con presuntos abusos sexuales, entre 1982 y 1985, realizados por el ya entonces ex presidente del Gobierno contra una joven de diecisiete años, hay que quitar a Suárez todos los reconocimientos institucionales, retirar sus bustos, cuadros y demás homenajes de los lugares públicos y, claro, cambiar el nombre de uno de los aeropuertos más importantes de Europa. Es como una enmienda a la totalidad de la Transición, etapa ya se sabe que poco grata para algunos dirigentes podemitas. Pero es más aún:

Lo que Belarra, y se supone que la formación Podemos en general, exige es una revisión histórica en toda regla. Y ello, en base a una acusación de la que el que fuera primer presidente del Gobierno de la democracia, fallecido en 2014, no puede defenderse. Una acusación presentada por persona no identificada públicamente, de la que se desconocen las pruebas concretas y sobre algo ocurrido hace más de cuarenta años. La causa está en investigación judicial y quién sabe si acabará prosperando ante los tribunales: demasiado pronto para decirlo, demasiado tarde, a mi juicio, para acometerlo.

No seré yo quien, de momento, contribuya a la desmitificación de alguien a quien conocí y admiré por su coraje a la hora de desmontar el franquismo que nos oprimió durante cuarenta años. He escuchado alguna voz que compara la sanción póstuma a Suárez con el desmantelamiento de las estatuas de Franco, o con la retirada de nombres de hospitales a Carlos Arias e incluso a Juan Carlos I: alguna petición he escuchado en este sentido y, por ahora, me impido a mí mismo pronunciarme acerca de si me parece bien o mal. Depende del personaje, del homenaje y de su circunstancia, supongo.

Lo que no podemos -con minúscula- hacer es cargarnos, sin mayor fundamento, la historia. Para mí, el franquismo fue malo, y en un pueblo tan querido para mí como Santoña, un monumento, algo desvencijado, sigue honrando a Carrero Blancosin que ello provoque mayor escándalo. La Transición, pilotada por Suárez y por Juan Carlos I, tuvo dos protagonistas fundamentales que, por llevarla a cabo, merecen respeto, aunque el rey emérito haya hecho bastantes esfuerzos para desacreditarse a sí mismo.

Pero no podemos desmontarlo todo de golpe sin los suficientes argumentos: ya han bajado varios puntos de prestigio la Renfe, la lotería y hasta algunos equipos 'históricos' de fútbol. Nos quedan, como grandes cohesionadores nacionales, unos grandes almacenes y el sorteo de la organización de ciegos. Pero, más allá de bromas y ejemplos menores, pienso que no debemos hacer una adanista tabla rasa de todo nuestro pasado, y ahora Adolfo Suárez se ha convertido, por lo visto, en el icono al que toca derribar.

Yo sería el primero en contribuir a la demolición si hubiese argumentos más consistentes que los que se están aplicando, no tanto en contra de la figura de Suárez como contra ese que fue llamado por Pablo Iglesias 'candado del 78', o sea, la Transición a la democracia, que, desde luego, tuvo claroscuros, pero muchos más pasajes luminosos que vergonzosos. En España estamos animados por la velocidad del cambio, desmontando, en confuso revoltijo, demasiados puntos a la vez de nuestra mejor, y peor, Historia. Que es asignatura que dicen que la cuentan los vencedores a su modo.

Y yo, lamentablemente, no he escuchado una sola voz de estos vencedores actuales que haya salido en defensa de una de las figuras a las que, hasta ahora, considerábamos más inatacables histórica y políticamente. Y por supuesto que estoy presto a comerme mis palabras el día en el que hechos fehacientes demuestren culpas vergonzantes de quien fue presidente. Ojo, que en esta era en la que la Inteligencia Artificial es utilizada por el hombre más poderoso de la tierra para deformar a su gusto la realidad a base de 'fake news', hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y se propone, y la señora Belarra, que tantas cosas, ejem, sorprendentes ha dicho, debería tomar nota de ello. De momento, esperamos propuestas de la señora diputada para ver cómo, a su juicio, debería renombrarse nuestro aeropuerto de bandera, con perdón de El Prat y algún otro.

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