Fernando Jáuregui.- No te va a gustar.- Cien días para Julio Somoano.

Actualizado 03/07/2012 14:00:52 CET

MADRID, 3 Jul. (OTR/PRESS) -

Voy a hablarle, querido lector, de periodistas. No lo tome como algo corporativo: somos quienes, en teoría, manejamos la información, y la información es lo más valioso para la persona, tras la vida y la integridad física. O sea, que, cuando hablamos de comunicación y de nosotros, hablamos de un bien que atañe a la ciudadanía. Por eso, lo que ocurre en la televisión pública, y en los medios en general, es de vital importancia para la democracia y para la nación. Vaya por delante, hablando de RTVE, que yo no veía la necesidad de sustituir a Fran Llorente en la dirección de los servicios informativos de 'la tele'. Parece que, excepto para quien estaba interesado en negarlo por motivos colaterales -vamos a decirlo así-, los telediarios y tertulias regentados por Llorente merecían la pena, y así lo certificaron los muchos y variopintos premios recibidos por el director de los informativos -puesto de gran relevancia, visto lo visto- y su equipo.

Cierto que el PSOE anduvo algo torpón a la hora de buscar un consenso para RTVE. Cierto que 'la casa' estaba renqueante desde la dimisión de Alberto Oliart como presidente. Pero no menos cierto es que el PP debió insistir algo más en la búsqueda de ese consenso y basarse algo menos en su mayoría absoluta para romper unas reglas del juego que reclamaban una mayoría cualificada, y no simple, para designar al presidente de la Corporación. Claro que le doy un voto de confianza al nuevo presidente, Leopoldo González-Echenique, llegado en momentos especialmente difíciles y de quien todo lo desconozco. Y claro que le doy un voto de confianza, esos cien días de gracia que a nadie se le niegan, al nuevo director de informativos, Julio Somoano, un periodista de larga trayectoria, a quien sí conozco, y de quien nada malo creo que haya que decir a priori: no me parece digno de estigma ni un baldón -yo mismo lo he hecho- el haber trabajado en una televisión autonómica o el escribir en periódicos de determinado signo. Ni tampoco el mantener unas posiciones ideológicas u otras; que, al fin, los periodistas somos individuos portadores de los mismos derechos y deberes que los demás ciudadanos.

Eso sí, espero de González-Echenique y de Somoano que no destruyan, sin más, la estimable labor de Llorente. Creo que ha llegado el momento de olvidar esas 'vendettas ideológicas' que hacían que el cuchillo profesional pasase por los que estaban ahí cuando mandaba un Gobierno para promocionar a los que habían sido represaliados por estar ahí cuando el Gobierno era de signo distinto. Si queremos consolidar una televisión pública veraz, plural, no sometida a los dictados de poder alguno, ese sería el peor camino. Y no andamos sobrados precisamente de oxígeno los periodistas en estos tiempos del cólera como para permitirnos perpetuar aquellas viejas, perniciosas, fórmulas.

No sé si ha llegado el momento de superar las penurias económicas, pero estoy seguro de que es la oportunidad de actuar con grandeza política, y esa oportunidad pasa ahora por RTVE. Aunque, repito, no entiendo que fuese necesario sustituir a Llorente.