Publicado 28/03/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Tenemos un Gobierno extraño

MADRID 28 Mar. (OTR/PRESS) -

La designación de Carlos Cuerpo como vicepresidente primero, en sustitución de María Jesús Montero, supone un paso de consecuencias difíciles de calibrar en estos momentos: de las tres vicepresidencias en el Gobierno de Sánchez, ninguna pertenece a un militante del PSOE. Y las famosas formas histriónicas de la 'número dos' saliente se van a ver reemplazadas por el talante tranquilo y moderado del ministro de Economía. Así, hemos pasado de un PSOE presente en todas las esquinas a otro en el que la militancia no representa precisamente un requisito para 'ascender'.

He leído y escuchado numerosos comentarios de colegas y politólogos acerca de este cambio, que creo que nadie esperaba hace apenas un par de semanas. Cuerpo no es un político propiamente dicho, sino un técnico que no permite, aseguran, que el dogma se imponga a lo que pueda ser considerado como lo 'más correcto' en el plano de la estricta economía. Dicen, y no estoy de acuerdo, que la economía es, en el fondo, política; no, desde luego, tal y como una y otra se conciben en España.

Si acaso, el perfil del nuevo 'número dos', suponiendo que Sánchez pueda tener una figura así a su lado, podría destapar el tarro de sus desavenencias, siempre en materia de planificación económica, con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. No auguro una convivencia fácil entre ellos, y tampoco me extrañaría que Sánchez haya designado a Cuerpo para 'limar' el deseo de protagonismo de la fundadora de Sumar, cuyo papel en el Ejecutivo parece ahora algo desdibujado.

Conste que, 'a priori', me parece acertado el cambio. Montero, ya lo hemos dicho muchos muchas veces, no dio la talla, ni como estadista ni como técnica, ni como política. Acumuló demasiado poder y ha acabado estallándole en las manos: presupuestos, corrupción en el PSOE del que era vicesecretaria general, falta total dialogo con otros sectores, etcétera.

Conozco poco a Cuerpo -tampoco es que se deje conocer demasiado-, pero tengo la impresión de que pocas cosas le desviarán de las líneas maestras trazadas. Por supusto, no es hombre de mítines, ni nadie pretende que lo sea: es, simplemente, algo de lo que el Gobierno de Sánchez anda, en general, bastante necesitado. Un servidor público sin alharacas, que ya era hora. Pero claro, esta figura tan poco frecuente en los Consejos de Ministros españoles contribuye a configurar un Gobierno que, en comparación con lo que teníamos, es bastante extraño, integrado por coaligados que no se entienden demasiado bien, por ministerios/as que no despegan en el aprecio de la opinión pública y por un presidente que corre de acá para allá, tratando de suplir las carencias de algunos de sus colaboradores.

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