Publicado 05/01/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Y, a todo esto, Sánchez, concluyendo sus vacaciones

MADRID 4 Ene. (OTR/PRESS)

Consulto y nadie me dice si Pedro Sánchez emprendió este sábado un precipitado regreso a La Moncloa, a la vista de cómo el mundo se estremecía ante el ataque, que es "ilegal" (por lo menos) para una parte del Gobierno español, de Trump contra Venezuela. Tiendo a creer que el presidente no reaparecerá en público hasta el próximo martes, cuando se celebra la Pascua Militar en el Palacio Real, presidida por el Rey, cuyo discurso, supongo, estarán ahora mismo modificando sus asesores y los asesores de Moncloa. No en vano todo el andamiaje sobre el que se cimenta el orden mundial saltó por los aires en la madrugada del sábado y entiendo que lo que valía hasta el viernes dejó de servir a las pocas horas con los bombardeos 'controlados' sobre Caracas.

Pienso que el hecho de que un país teóricamente aliado de España invada de manera más que cuestionable otro país, dictatorial y posiblemente delincuente, pero con el que España ha mantenido y mantiene unas 'tensas relaciones muy especiales', como Venezuela, hubiese debido merecer el inmediato regreso del jefe del Gobierno español a su despacho. Y, claro, la convocatoria de un gabinete de crisis -creo que sí lo hizo Exteriores- y una toma de posición tajante:¿apoya España la intervención, que es mucho más que una injerencia de Estados Unidos?¿Celebra España la caída de un dictador terrible como Maduro? Tanto el bolivariano como el republicano, en todo caso, han contribuido muy poco a consolidar esas normas, escritas y no escritas, que cimentan la convivencia internacional. El planeta, desde este sábado, ya no será el mismo: el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial ha saltado, definitivamente, por los aires.

La emisión de unos tibios comunicados a través de las redes sociales por parte del 'ala socialista' del Gobierno, y no tan tibios por parte de los coaligados de Sumar, que arremetieron duramente contra la acción estadounidense, no puede bastar para afirmar que España ha reaccionado ante el insólito hecho militar. Más bien, la preocupante disparidad de lenguajes en el Ejecutivo ha de ser explicada, analizada y, en su caso, resuelta de manera drástica. Al fin y al cabo, unos cuatrocientos mil venezolanos viven en España, de ellos doscientos mil solo en Madrid, y casi doscientos mil, según mis últimos datos, españoles viven en Venezuela, un país que mantiene unas cuando menos curiosas relaciones diplomáticas y comerciales, de tira y afloja, muy poco transparentes, con España.

Una vez más, la reacción española ha sido desconcertada, descoordinada y perpleja. Poco resolutiva. Supongo que a lo largo de esta semana de Reyes Magos nos irán, desde los ministerios afectados -Exteriores, Interior, Economía, Defensa, por lo menos-, aclarando por dónde va a respirar la cuarta potencia de la UE, es decir, España: ¿aceptación sin más de los hechos consumados y carraspeo mirando hacia otro lado?¿Condena simultánea a Maduro y a Trump?¿Apelación a unas Naciones Unidas que brillaron por su ausencia?

La posición mantenida por el oficialismo español en las primeras horas tras el golpe 'trumpista' no hace sino abonar la sensación de que algo extraño hay tras las relaciones, para nada idílicas, entre nuestro país y el régimen bolivariano, que ahora descansa sobre la figura, aquí tan enigmática, de Delcy Rodríguez. Por cierto, increíblemente preferida por Trump a la líder de la oposición, Corina Machado, para pilotar esta 'transición' peculiarísima, tan anormalmente presidida por el secretario de Estado norteamericano, que vigilará para que nada se desmande en Venezuela.

Pero, a día de hoy, nadie sabe muy bien dónde ni cómo acabará la tal 'transición'. ¿Un 'petroestado de negocios' para Washington?¿Ha habido un pacto subterráneo entre Trump y Delcy, quizá Maduro incluido? ¿Ha sido una operación a las bravas? El larguísimo parlamento de Trump en la tarde del sábado (hora española) no ha aclarado muchas de las inquietantes preguntas que todos nos hacemos.

Supongo que en las próximas horas escucharemos al ministro Albares, al expresidente Rodríguez Zapatero y quizá -uno ya no espera nada- al propio Sánchez expresándose sobre la posición española ante el 'caso Venezuela'. No es, para nosotros, un tema más de política exterior, obviamente. Es un tema que debería haber interrumpido de cuajo las vacaciones del señor presidente en Andorra o donde quiera que se encuentre cuando esto escribo. ¿En qué andamos, presidente?

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