No te va a gustar.- Ley 'antidedazo'

Publicado 09/10/2018 8:02:02CET

MADRID, 9 Oct. (OTR/PRESS) -

Cada cual pensará lo que quiera de Albert Rivera y de Ciudadanos; a unos les gustará su programa al completo, a otros unas cosas sí y otras no y no faltará quien descalifique al partido naranja como 'fachas', que es sambenito que ahora te cae con facilidad en esta España que sigue siendo las dos eternas machadianas, una de las cuales --o las dos-- ha de helarte el corazón. Escuché a Rivera, en un multitudinario desayuno organizado por Europa Press, hablar de su futuro programa político, es decir, electoral --todos piensan ya en las elecciones-- y me situé en la segunda de las posiciones que al principio comentaba: algunas propuestas me parecieron altamente interesantes, otras menos y con otras me siento radicalmente en desacuerdo, aun admitiendo que, al menos, son viables y están inspiradas por un afán regeneracionista (además de querer ganar las próximas elecciones, cuando sean, obviamente).

A los periodistas que se hallaban cerca de mí en el citado desayuno les llamó, sobre todo, la atención la propuesta de una 'ley antidedazo', que exija que las vacantes en las presidencias de las empresas públicas, sobre todo las mejor pagadas, no se puedan otorgar 'a dedo' a amigos, correligionarios, deudos o hasta parientes, como ha venido siendo la costumbre inveterada ahora del equipo de Pedro Sánchez, antes del de Rajoy, aun antes del de Zapatero y, claro, de Aznar y Felipe González. Y es que este es el país que inventó la palabra 'cuñadismo', que abarca a muchas más capas que a los cuñados, al fin y al cabo.

Hacer propuestas sin tener el poder --véase la de Vox exigiendo el domingo la supresión de las autonomías-- es fácil. Otra cosa será cuando, efectivamente, Rivera y Ciudadanos tengan que enfrentarse, en su caso y en su día, a las responsabilidades de gobernar. Pero, la verdad, no me parece difícil poner en marcha esa 'ley antiodedazo'; a ver cómo la rechazan los otros grupos parlamentarios y qué cara se les pone si lo hacen. La designación de algunos de los altos cargos en bastantes empresas públicas ha sido, cuando menos, escandalosa, tanto con este equipo socialista como con los anteriores 'populares'. No puede extrañar que la ciudadanía se fíe cada vez menos de una clase política que, como en los viejos tiempos de Cánovas y Sagasta, se va repartiendo el Estado por turnos.

Otras cosas en el programa de Rivera no me convencieron, ya digo, tanto. Siempre he pensado que el problema catalán no se arreglará simplemente manteniendo una vía de dureza pura y dura, por tanto no negociadora, con un separatismo al que hay que contener --y sancionar, claro, cuando se salte las leyes--, pero no castigar por principio ni "combatir", que fue el término que empleó Rivera. Pienso que empieza a ser urgente que las fuerzas constitucionalistas se pongan de acuerdo en torno a un 'programa de mínimos' sobre cómo salir del atolladero catalán, que ya digo que me parece que no será con una aplicación extrema del por otro lado difuso artículo 155 de la Constitución.

Rivera tiene, creo, futuro. Del lío político en el que estamos desde las elecciones de diciembre de 2015, o quizá desde bastante antes, no saldremos sino con un Gobierno de centro derecha o de centro izquierda. Y en ambos supuestos, no sé si como actor principal o como bisagra, allí estarán Ciudadanos y Albert Rivera, si 'los naranjas' saben manejar con cautela, sin maximalismos excesivos y sin 'ocurrencias' --lo de la ley 'antidedazo' no lo es-- la situación que les toca vivir. Que nos toca, ay, vivir.