Siete días trepidantes.- Cuando todos dicen 'confíen en mí'.

Publicado 03/05/2015 12:00:17CET

MADRID, 3 May. (OTR/PRESS) -

Comenzó Mariano Rajoy la semana pidiendo 'confíen en mí' a sus hipotéticos o reales electores. Está tan en la carrera electoral el presidente que hasta condecora ante las cámaras a Rafael Nadal con la medalla del Trabajo: toda una subida a la red. Ni se inmuta cuando Esperanza Aguirre o Rafael Catalá, o Montoro, cuya dimisión pide la oposición, cometen doble falta. Lo que ocurre es que, por mucho que se empeñe el presidente, las encuestas que vienen -ya verán, ya- siguen, tozudas, negándole popularidad y la posibilidad de ganar en tres sets. Bueno, en realidad las encuestas siguen locas, locas, locas, pronosticando la bajada de los dos 'grandes' -aunque cierto es que el PP sigue en cabeza, globalmente hablando -y el ascenso, 'ma non troppo', de los dos emergentes, con un PSOE que, si no pacta con todas las fuerzas de izquierda -o, por qué no, con Ciudadanos--, va a gobernar en muy pocos lugares.

Un panorama cuatripartito que parece consolidarse, aunque aún falten muchos meses, quizá ocho, para las elecciones generales. Lo que ocurre es que solamente faltan ya tres semanas para las municipales y autonómicas, en las que, ya lo sabemos, se la juega hasta Pablo Iglesias, que ha sembrado la confusión sobre si su formación se presenta en realidad o no a estas elecciones, y cuánto se presenta en realidad. Y bajo qué siglas. Menudo lío, que diría el Rajoy inmerso en la galleguidad.

Todos parecen decir, de una u otra manera 'confíen en mí' a una ciudadanía que patentemente confía ya poco en sus representantes. Se muestran seguros de su victoria, como es preceptivo en las campañas electorales. No está, ninguno de ellos, titulares o aspirantes, siendo merecedor de esa confianza. Ni siquiera, por supuesto, Pablo Iglesias, que ha 'perdido' a Juan Carlos Monedero como dirigente de Podemos. Bueno, en realidad, Iglesias ha ganado con la marcha de quien tanto le ayudó a fundar aquel Podemos, ya tan lejano, de las denuncias de la 'casta', de la salida de España de la OTAN, de... Pero ¿cómo confiar en un partido con tantos frentes ideológicos abiertos?¿Cómo no andar desorientados con una formación que se mueve entre los rencores 'gauchistas' de Monedero -él lo llama pureza ideológica; en realidad, él es una catástrofe ambulante para el propio Podemos- y la soberbia 'neocentrista' de Pablo Iglesias, aunque tenga algunos dirigentes regionales cualificados y atractivos, como el propio Echenique, confinado en Aragón, o Teresa Rodríguez, en Andalucía, o Jesús Montero, en Madrid? Tengo para mí, pero ya saben que no siempre se acierta, que la estrella de Podemos empezará a palidecer tras este 24-m; pero, claro, una treintena de escaños en el próximo Congreso de los Diputados, allá por diciembre o enero, no se la va a quitar nadie.

Cierto: a la hora de confiar nos queda Ciudadanos, con una única figura relevante, la de Albert Rivera. Su popularidad crece en los sacrosantos sondeos, mientras la de los demás se estanca en el suspenso o incluso decrece. Sin embargo, como es lógico, un solo personaje no hace partido, como una golondrina sola no hace verano, por mucho que una marca, a veces, 'venda' por sí sola. Pero, al contrario de lo que le ocurre a Pablo Iglesias, que se queda cada vez más solo, a Rivera, tras consolidar a algunos de los suyos en autonomías y ayuntamientos tras el domingo 24, le van a crecer los lugartenientes en las próximas semanas. La carrera de Rivera no se dirige, por ahora, hacia La Moncloa, sino hacia decidir quién, Sánchez, Rajoy -o quien represente a PSOE y PP--, ocupará el despacho principal de La Moncloa. Comprobaremos la carrera por cortejar a Rivera y a esos futuros lugartenientes, rostros generalmente inéditos en política y cuya valía real está por probar. De hecho, esa carrera ya ha empezado, subterráneamente, o no tanto, en Andalucía, donde Susana Díaz necesita ser investida cuanto antes para garantizar esa estabilidad que ella propugnaba como razón para su adelanto de las elecciones autonómicas. Y, al menos en Andalucía, socialistas y Ciudadanos parecen querer guiñarse un ojo. O no... que también diría el Rajoy de las Rías Baixas en su versión más neblinosa.

La semana política concluye, así, con la sensación en la ciudadanía -con minúscula-- de que en los 'teléfonos rojos' con los que los políticos dialogan con extraños compañeros de cama se están fraguando alianzas que ahora mismo parecerían insospechadas. Y que el período que se abre precisamente en este mes de mayo -menudo fiasco las manifestaciones del 1 de mayo: ¿para cuándo la regeneración sindical?-- acabará quién sabe con qué soluciones forzadas, con muchos 'passing shots', con numerosas boleas, con todos jugando desde el fondo de la pista, sin arriesgar. Atención, porque les gusta disputar los partidos sin espectadores. O sea, sin nosotros. ¿Cómo confiar, entonces, en que el juego, en el que no hay ni árbitro, va a ser limpio?

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