Siete días trepidantes.- El debatazo.

Publicado 29/06/2014 12:00:13CET

MADRID, 29 Jun. (OTR/PRESS) -

Estoy deseando que se concrete --¿para la semana próxima?-- ese anunciado debate entre los candidatos para liderar el PSOE en el congreso de finales de julio. Sigo con respeto, aunque desde cierta distancia, el debate interno en el principal partido de la oposición. Y sospecho que la campaña electoral entre Pedro Sánchez, Eduardo Madina y ¿por qué no? Pérez Tapias, nos va a traer algunas ideas refrescantes sobre lo que debe de ser una nueva forma de gobernar a los ciudadanos. Bueno, es, al menos, lo que espero que suceda; porque, hasta ahora, en el rifirrafe educado y 'de compañeros' que se ha registrado en busca de avales, no es que hayamos escuchado mucho nuevo procedente de los aspirantes a suceder al ya virtualmente ido Alfredo Pérez Rubalcaba.

Porque en este país nuestro, y también en Europa, y en el mundo, están ocurriendo muchas cosas que se estrellan contra el muro de silencio de una clase política que, en estos momentos, reduce su capacidad ejecutiva a un solo partido, el PP en cuya boca cerrada no entran moscas dialécticas. No sé si Mariano Rajoy aprovechará el vacío (¿temporal?) en el principal partido de la oposición y las coyunturales tentativas de aproximación entre Izquierda Unida y 'Podemos' para dar algún giro a su política, algo monolítica. Dicen que ahora sí, que aprovechando la posible elección de Luis de Guindos como presidente del Eurogrupo, el presidente más flemático de la historia de España -digámoslo así- procederá a una cierta reestructuración de su elenco ministerial, aunque puede que aguarde a la vuelta de vacaciones, calma, mucha calma. La crisis gubernamental va haciendo falta, pero nadie, excepto ocasionalmente los medios, se lo dice. Porque, como ya he apuntado, las demás formaciones están pensando, e incluyo a la inestable coalición Convergencia i Unió, en otra cosa.

Por eso resulta tan importante saber quién ocupará el liderazgo de la oposición. Pedro Sánchez estaría, dicen, apoyado por la auténtica 'lideresa', la presidenta de la Junta andaluza Susana Díaz. Eduardo Madina, sugieren, contaría con mayores simpatías entre los socialistas catalanes, que también andan estos días de reorganización interna tras los muchos descalabros intestinos que han sufrido y que los invalidan, por ahora, como oposición a los planes soberanistas, cada día más locos, de Artur Mas. Yo quiero saber qué piensan en profundidad los Sánchez-Madina-Pérez Tapias de cosas como las maneras de afrontar ese referéndum ilegal que el presidente de la Generalitat está empeñado en realizar. O sobre ese otro referéndum que las 'fuerzas republicanas' quieren forzar sobre la Monarquía. O, ya que estamos, sobre la inocencia o culpabilidad penal de la infanta, cuestión sobre la que se sacuden sin límite ni pudor jurídico el magistrado instructor y el fiscal, con Rajoy por medio dándole la razón a este último: la hija y hermana del Rey, inocente, se ha atrevido a augurar el presidente del Gobierno. ¿Cómo piensa Sánchez, cómo Madina, cómo Pérez Tapias, apoyar la consolidación en el trono de ese Felipe VI que ha inaugurado muy activamente su reinado, poniendo ejemplarmente una pica en Barcelona y, además, en catalán?

Quiero saber cómo reformarían los programas electorales de uno u otro candidatos socialistas la Constitución, y cómo propondrán a Rajoy un pacto para proceder a esa reforma. O, ya que estamos, cómo encararían un acuerdo sobre grandes cuestiones -Cataluña, la reforma educativa- con el Ejecutivo del PP. O qué piensan de la marcha de Europa, que, a mi modesto entender, cada día da más muestras de ser una marcha atrás. O sobre qué puede ocurrir con el conflicto en Ucrania, que se convierte en más peligroso precisamente cuando, en estas jornadas, se celebra el primer aniversario de la primera, terrible, gran guerra. No sé, la verdad, qué piensan Madina o Sánchez de Vladimir Putin. Y, la verdad, me interesa, aunque a ellos este interés pueda parecerles esotérico en este ombliguista momento que vivimos.

Siguiendo con un resumen apresurado, tenemos pendiente la reforma interna de los partidos políticos y, más aún, de los sindicatos -quiero oírles hablar de la UGT andaluza. Y de la UGT, en general. Y de los ERE-. Hay mucho que progresar en la construcción de la democracia en una España en la que las desigualdades -y la desigualdad- son lacerantes y que mantiene ¿cinco, seis? millones de parados reales. Estamos, en fin, en los inicios de una era en la que hay que construir mucho, destruir algo y reflexionarlo todo. Por eso estoy deseando escuchar lo que tenga que decir cualquiera de los hombres que aspiran a convertirse en el segundo político en importancia del país. A ver: ¿para cuándo ese debate? No quisiera pensar en la posibilidad de que, al final, echemos de menos a Rubalcaba; espero demasiado de este proceso que el líder ido ha puesto en marcha. Y respeto mucho a los contendientes, que mañana serán aliados: ahora quisiera, además, que, por el bien de todos, nos convenzan.

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