Publicado 13/04/2026 08:00

Francisco Muro de Iscar.- La extraña pareja fantástica

MADRID 12 Abr (OTR/PRESS)

Podrían ser "la pareja fantástica", incluso "una pareja perfecta", o "la pareja de al lado" y hasta "la pareja ideal" que, según los psicólogos es una fantasía romántica o una proyección mental que "puede resultar dañina al ignorar las imperfecciones humanas reales del otro". Y, en este caso, hasta podría ser un trío porque detrás de uno de los miembros de la pareja siempre aparece "el otro". También, por último, "la extraña pareja", pero esa película estaba protagonizada por Jack Lemmon y Walter Matthau, dos actores con mucho talento y un gran dominio de la escena. Pero eso es cine. La realidad es otra cosa y la realidad política es incluso más complicada. Hay personajes que llegan a la política para servir -son los más, aunque sean los que menos suenan- y otros que llegan para instalarse y vivir de ella y de los ciudadanos que pagamos los impuestos.

Gabriel Rufián e Irene Montero tratan de formar una pareja de hecho para salvarse de la quema de sus partidos y seguir viviendo de la política. Muy bien por cierto en ambos casos, uno como diputado en el Parlamento español -él que es independentista y que vino para unos meses y lleva más de 10 años cobrando del "nefasto" Estado español- y ella, comunista de ideología, eurodiputada con un sueldo fantástico, trabajándose una buena pensión y "chaletista" de lujo. Ambos promueven una unión de la izquierda a la izquierda del PSOE, aunque ninguno de los dos parece ya muy de izquierdas salvo de boquilla. Lo suyo es un enamoramiento interesado para llenar los vacíos, las carencias y las necesidades de ambos. Él, marginado en su partido, ERC, está tratando de vender una alianza de izquierdas, un proyecto españolista, que su partido rechaza y que le haría cabeza de lista en Cataluña para apoyar en el resto de España a todo lo que sustituya a Sumar, que sustituyó a Podemos, que sustituyó a Izquierda Unida, que sustituyó al PCE. Y ella, al revés, una coalición de intereses con el nombre que sea, no un partido, dispuesta a apoyar el derecho de los catalanes a irse de España y a aplicar un comunismo sectario de salón, una ideología que ha fracasado en el mundo entero y que es responsable de millones de muertos y de la pobreza de todos los que aún viven bajo esas dictaduras.

La unión tendría dos objetivos: seguir viviendo de la política, ya lo he dicho -ambos personajes tienen una experiencia laboral muy limitada y poco exitosa fuera del "servicio" público- y "frenar el fascismo". Sus argumentos son simples y limitados. Rufián, al que alguien le ha presentado estrambóticamente como "el puño de hierro contra la derecha española y catalana", dice que "si no vamos juntos, nos matarán". Irene Montero, que como Pablo Iglesias, disfrutaría "reventando a la derecha", asegura que "lo que podamos hacer en el futuro es más importante que cualquier cosa del pasado". Ella que vive del pasado, no sólo por su ideología viejuna y caduca, sino porque todo lo que no es izquierda extrema es franquista y fascista. Incluido Juan Roig y cualquier empresario, seguramente no quiere recordar sus sonados fracasos legislativos, que pusieron en la calle a violadores, y su inoperancia política.

Lo de Rufián y Montero no es más que una charla de pareja, llegue a donde llegue. Él ha prometido que si le va en ello el cargo, se va a su casa. Las promesas hay que cumplirlas. También ha dicho que prefiere "llenar Tik Tok que bibliotecas porque mi hijo mira Tik Tok" y suponemos que no pisa una biblioteca. Eso se llama altura de miras y visión de futuro. Podría ser el próximo ministro de Educación. Podemos va de fracaso en fracaso -Extremadura, Aragón, Castilla y León, pronto Andalucía- hasta su desaparición total. Por eso intentan agarrarse a un clavo ardiendo como Rufián. Se van a quemar. Pero por el camino, uno y otra han contribuido activamente a la destrucción institucional. Y como dice Fernando Vives, el presidente de Garrigues, primer despacho de abogados de Europa, "las instituciones tardan décadas en construirse, en sedimentarse para que los ciudadanos creamos en ellas, pero se tarda muy poco en su deterioro". A esta pareja de conveniencia les queda trabajo por hacer. Y no quieren renunciar a hacerlo.

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