Isaías Lafuente.- Decisiones olímpicas.

Actualizado 04/09/2009 14:00:23 CET

MADRID, 4 Sep. (OTR/PRESS) -

Cada uno en su estilo, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón llevan en su ADN la sorprendente capacidad de situar cada una de sus apariciones públicas en el centro del debate político. Cuando el PP, incapaz de demostrarlas, pretendía soltar lastre sobre las gravísimas acusaciones de espionaje a su partido por parte del gobierno, Aguirre, sin haberse quitado las chanclas, volvió a la carga sobre ellas elevando el tiro hacia el ministro del Interior. Tuvo que matizar un día después, pero esas piruetas no afectan al rictus de la presidenta madrileña. Ahora es Alberto Ruiz Gallardón el que ha abierto un debate que parecía situarse en la otra orilla política. Tras recibir la puntuación del COI sobre la candidatura olímpica de Madrid, el alcalde popular ha insinuado que la decisión final que se producirá dentro de un mes puede suponer el final de su carrera en el ayuntamiento. Lo ha dicho de aquella manera que le permitiría desdecirse sin cambiar el gesto, pero lo ha dicho.

Es muy loable su discurso sobre las consecuencias políticas que acarrean las promesas no cumplidas. También lo es que un político se someta a las decisiones de terceros en un partido que parece inmune incluso a las que toman los jueces contra algunos de sus dirigentes. Otra cosa distinta es saber si el Comité Olímpico Internacional es institución lo suficientemente legitimada como para que sus decisiones determinen la carrera de alguien elegido en las urnas.

Deseamos que Madrid sea sede olímpica y no perdemos la esperanza. Pero si no lo es y Gallardón se dirige al vestuario, será apasionante contemplar cómo PP y PSOE se desenvuelven en la búsqueda de candidatos. Aunque aquí el PSOE sale con una brutal desventaja, la que se ha ganado a pulso durante lustros por la desidia demostrada en buscarlos y en mantenerlos después en la carrera tras la derrota. El espectáculo dado en las últimas municipales fue bochornoso y los ciudadanos de Madrid se merecen otra cosa.

OTR Press

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