Isaías Lafuente.- Moribunda ETA

Actualizado 23/05/2008 2:00:30 CET

MADRID, 23 May. (OTR/PRESS) -

Ahora que la memoria desempolva imágenes de mayo del 68, conviene recordar que fue justo en aquel momento de contestación y de ilusión democráticas cuando también comenzó a larvarse una de las páginas más negras de nuestra historia: la de la actividad asesina de ETA. El próximo 7 de junio se cumplirán también cuarenta años de su primer crimen, el asesinato del guardia civil José Pardines Azcay. Murió tan joven que, de no haberse cruzado ETA en su vida, hoy estaría arreglando los papeles de su jubilación. Mientras la mayoría de los sueños del 68 se han materializado, aquella pesadilla terrorista aún sigue vigente. Es la última herencia del franquismo que aún pervive.

El tiempo pesa y cuarenta años de crímenes son una carga insoportable. Por eso, la detención de la cúpula etarra que se encargó de volar con sangre la posibilidad del fin de la violencia sólo puede producir alivio. La ficha policial de los detenidos deja en evidencia la larga lista de franquicias que configuran eso a lo que llamamos ETA. Ahí están la ex concejal de Batasuna, el ex alcalde de Euskal Herritarrok, el ex militante de Jarrai y de Haika y el ex parlamentario autonómico de Socialista Abertzaleak. Ahí está, finalmente, el jefe, Francisco Javier López Peña, un profesional gris de la banda que paradójicamente ha escalado hasta la cúpula gracias a la eficaz acción policial que ha sacado de la circulación a todos sus predecesores.

Es esa extraordinaria capacidad regenerativa de ETA la que ofrece razones para el pesimismo. Pero el de su fortaleza es uno más de tantos mitos que entre todos hemos ido fabricando sobre la banda terrorista. ETA está hoy más débil que nunca, sus asesinos cada vez son menos y más inexpertos, cada vez están más controlados y por eso su curriculum criminal se abrevia, y la mayoría de sus franquicias tiene a más dirigentes en la cárcel que en la calle. Cualquier agonizante puede decidir morir matando, pero eso apenas maquilla su condición moribunda.

En esta época de recuerdos resulta pertinente subrayar que uno de los detenidos en la operación de Burdeos, Jon Salaberría, fue uno de los tres parlamentarios batasunos que dieron al lehendakari los votos imprescindibles para sacar adelante su primer Plan Ibarretxe. Los otros dos fueron Arnaldo Otegi y Joseba Permach. Hoy los tres están en la cárcel por pertenencia a ETA. Para cualquier político normal ese sería un dato digno de considerar si es que el resto no le parecen suficientes.

Isaías Lafuente.