Actualizado 08/09/2008 02:00 CET

José Luis Gómez.- A vueltas con España.- Los sueldos de los políticos

MADRID, 8 Sep. (OTR/PRESS) -

El PSOE y el PP han coincidido en la conveniencia de congelar el salario de los diputados, se supone que para dar ejemplo de austeridad ante la crisis, aunque no precisaron si es una insinuación para que todos los trabajadores sigan sus pasos. El presidente del Gobierno también anunció lo propio para los miembros del Ejecutivo y los altos cargos de la Administración central, y el PSOE ha recomendado medidas similares en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos donde gobierna.

En honor a la verdad, los salarios de los políticos de máximo nivel ni son tan altos ni congelarlos resolverá los problemas de la economía española. Pero queda bien, es políticamente correcto y se considera ejemplar. Otra cosa distinta sería jerarquizar los sueldos de los servidores públicos -¿qué sentido tiene que el presidente del Gobierno gane menos que altos cargos a sus órdenes o responsables de otras administraciones de inferior rango?- o que determinados puestos requieran remuneraciones especiales, como pasa en cualquier empresa. ¿O acaso gana lo mismo un director comercial que un director de administración? Hacer demagogia, por muy didáctica que ésta sea, no deja de ser eso mismo: demagogia.

Si examinamos las liquidaciones presupuestarias, el problema de los políticos en España no son sus sueldos, sino las políticas que desarrollan, a veces cargadas de gasto corriente e incluso de corruptelas. Y puestos a hilar tan fino como simulan estar haciendo PSOE y PP, a la hora de dar ejemplo al pueblo, ¿por qué no acaban con el cachondeo de las comidas de trabajo que más bien parecen bodas y con tanto vehículo oficial de alta gama y conductor? Antes tenían tarjeta de crédito, coche y chófer unos cuantos altos cargos pero hoy no hay concejal que se precie que no siga los pasos de los ministros. Más que congelar los sueldos de los verdaderos altos cargos, lo que habría que contener es el número de asalariados públicos que viven del cuento a cuerpo de rey.

José Luis Gómez.

OTR Press

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