A vueltas con España.- Débil recuperación.

Publicado 05/01/2014 12:00:08CET

MADRID, 5 Ene. (OTR/PRESS) -

La recuperación de la economía no será cosa de un año, sino de varios, porque a España le costará varios ejercicios compensar los efectos de la crisis. La construcción perdió más de 1,5 millones de empleos, lo que puede dar idea de la dimensión del problema; máxime, si pensamos en otros muchos profesionales que giran a su alrededor. Solo una mayor integración europea podría acelerar los avances necesarios. De entrada, el contexto es de recuperación débil y baja inflación, por lo que no hay que descartar mejoras paulatinas en materia de financiación. El balance de la política económica española se resume en la caída de los ingresos familiares -el salario mínimo interprofesional de España es la mitad del vigente en Francia-, el aumento del paro, aunque ahora atenuado, y una inflación contenida, salvo en los precios energéticos, de modo que ya sabemos lo que hay que corregir.

Producir más y mejor sería la solución tanto para el desempleo como para los bajos ingresos públicos, ya que una mayor actividad económica redundaría en beneficio de todos. Pero a falta de esa recuperación se hace imprescindible una reforma fiscal, ya anunciada por el Gobierno. A pesar de los recortes y de la caída de la prima de riesgo, el país sigue teniendo déficit fiscal primario, es decir, entra en déficit ya antes de pagar los intereses de la deuda, lo que implica que el Gobierno de Mariano Rajoy también gasta más de lo que ingresa.

Los recortes se han hecho de manera deficiente. A granel. Sin reparar en la diferencia que existe entre el gasto productivo y el improductivo. En parte eso explica que la estructura de la Administración siga igual; es decir, se mantienen todos sus niveles, cuando la crisis era una oportunidad para suprimir, por ejemplo, las diputaciones y el Senado, y concentrar los ayuntamientos. No se trata de que España tenga un Estado muy grande, una gran economía pública como la francesa en términos de PIB, que no la tiene, sino de que sea eficiente. Dicho de otro modo, si el conjunto de las administraciones públicas fuese eficiente, el Estado podría ser más grande y mejor para todos. Pero Mariano Rajoy ha optado por la poda de todas las ramas, derechas y torcidas, sin cortar -que no podar- las que se ve claramente que estorban.

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