A vueltas con España.- Felipe VI y Rajoy

Publicado 08/04/2018 8:00:13CET

MADRID (OTR/PRESS)

Cuando se abra el foco de la historia sobre lo que caracteriza la España de este tiempo --corrupción, secesionismo, desigualdad, paro...-- habrá dos nombres con protagonismo asegurado: Mariano Rajoy y Felipe VI, lo cual puede ser lógico tratándose del jefe del Gobierno y del jefe del Estado. Sin embargo, el protagonismo efectivo no estará en ellos mismos sino en otras personas que les rodean, tal vez debido a su inacción o a su peculiar manera de actuar. Nada que ver con anteriores mandatos, donde el tándem Felipe González y Juan Carlos I --pareja a su vez de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero-- también admite críticas, del mismo modo que elogios, pero siempre bajo la convicción de que, con sus aciertos y sus errores, no hicieron dejación de funciones. Aquella España se democratizó, se modernizó, se federalizó, entró en Europa y se homologó con los países desarrollados en muchas facetas --la prensa, por ejemplo--, sin que nadie se quisiera ir de ella; al contrario, fueron muchos --millones-- los que llegaron.

Si la España de hoy, bajo el paraguas de Rajoy y Felipe VI, tiene otros protagonistas efectivos --Puigdemont, Llarena, Cifuentes, Letizia...-- es porque el espacio vacío tiende a ser ocupado, una ley física de obligado cumplimiento.

La estrategia de Rajoy basada en apartar de la política acatalana a los líderes independentistas, con la ayuda de los jueces, está tocada. El afán de Rajoy de maquillar la corrupción del PP con símbolos como Cifuentes, de escasa consistencia, se le vuelve en contra. El papel frío y tecnocrático de Felipe VI no resulta próximo ni da buenos resultados y con su acompañante real le pasa un poco como a Rajoy con sus adláteres en la política.

Los problemas de España están en sus manos, sobre el papel, pero en el fondo los tienen delegados a otras personas que, sean o no competentes, jamás podrán ser lo que no son, entre otras cosas porque para ser presidente del Gobierno hay que ser elegido y para ser jefe del Estado en España hay que nacer en determinada familia.

Mariano Rajoy y Felipe VI tienen cada vez menos tiempo para recomponer su figura, si quieren pasar a la historia al menos como lo han hecho Felipe González y Juan Carlos I, con sombras, pero también con luces. Dice José María Aznar que a España le falta liderazgo y tiene razón; tal vez no un liderazgo como el suyo, pero si un liderazgo inteligente capaz de recuperar la normalidad democrática y de que haya una mínima igualdad. Un país suele precisar 20 ó 25 años para culminar un proceso de transformación y modernización -lo hemos visto en España pero también en Corea del Sur, Finlandia o Costa Rica- pero se puede ir a pique en mucho menos tiempo, como sucedió en Venezuela. Por fortuna, España no es Venezuela, entre otras razones por estar en Europa --léase también en la UE y en la OTAN--, pero precisamente por eso no debería seguir haciendo política con mayúsculas de espaldas a la Vieja Europa.

Seguro que en la prensa más influyente de Europa y EE UU se cometen errores de apreciación sobre España, seguro que los jueces de Alemania, Bélgica y Escocia se equivocan al abordar casos de ciudadanos catalanes --por tanto españoles--, seguro que en esos y en otros países europeos hay políticos de extrema derecha, conservadores, liberales, centristas, socialdemócratas y de extrema izquierda que se equivocan al hablar de Cataluña --por tanto de España--, pero seguro que no pueden estar todos equivocados y solo una parte de los españoles en lo cierto. ¿No convendrá darle un poco más a la cabeza y un poco menos al corazón?

OTR Press

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