Publicado 02/01/2026 08:02

Luis del Val.- Derroche energético

MADRID 2 Ene. (OTR/PRESS) -

Siempre he sido de bares y tabernas. El bar del barrio viene a ser como el casino de todos, sin tener que pagar cuota de ingreso, ni someterse al escrutinio de una junta directiva, que decide si eres digno de pertenecer al club.

En los bares y tabernas y, en la calle, he aprendido una sociología variada que no se imparte en las facultades, y que me permite distinguir al chulo de taberna, aunque haya sido nombrado ministro, y al fanfarrón del bar, aunque no tenga tantos millones de dólares y sea presidente de Estados Unidos. También al humilde, al discreto que abona la ronda que había prometido pagar un aprendiz de chulo, porque se compadece de él, y evita que haga el ridículo.

Asimismo, he conocido taberneros y camareros de barra, que puede que no hayan oido hablar demasiado de Freud, pero que tienen una gran habilidad para escuchar y entender las debilidades, preocupaciones y frustraciones de sus clientes.

Me ha salido un prólogo demasiado largo para explicar mis simpatías por el gremio menos sofisticado de la hostelería, porque es posible que moleste la observación de lo inexplicable que me resulta que se pretenda calentar la calle para que un ciudadano, en invierno, con el abrigo puesto, pueda tomarse una cerveza, muy fría, sentado sobre una silla heladora. Y, mientras se la bebe, la estufa de butano, o la estufa de infrarrojos, va consumiendo gas o electricidad para que el cliente pueda tener la cabeza caliente y los pies fríos, que es lo que le sucede al sordo del pueblo, en los sermones de los domingos, cuando va a la iglesia.

En España hay más establecimientos de hostelería que en Estados Unidos. Teniendo en cuenta que la población de EE.UU. es de casi 349 millones, y la de España no llega a 50 millones, ganamos por goleada de siete a uno.

No digo que, los más de 265.000 establecimientos de hostelería, tengan terraza en la calle y la intenten calentar, pero si sólo son la mitad, a dos o tres estufas, podemos tener cada día unas 300.000 estufas intentando calentar la calle en invierno. Y sí, es cierto, hay un calentamiento cósmico de la Tierra, pero estar a cuatro o cinco grados, sentado sobre una silla de plástico o de metal, durante el mes de enero, manda cigotos, o manda ovocitos, o manda huevos, que es la expresión más popular. ¡Y lo incómodo que es pinchar una aceituna con el abrigo puesto!

Sin embargo, ninguno de los ecologistas de guardia parece haberse dado cuenta del derroche energético* y del aumento del gasto sanitario en anticatarrales y otros fármacos.

Contador

Contenido patrocinado

Foto del autor

Luis Del Val

Derroche energético

Foto del autor

Charo Zarzalejos

Ya en la rutina

Foto del autor

Julia Navarro

Feliz 2026

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Entre dos y cinco kilos