Publicado 26/12/2025 08:04

Luis del Val.- La política era otra cosa

MADRID 26 Dic. (OTR/PRESS) -

Recuerdo un día, en que fui a ver a Mario Rodríguez Aragón, cuando dirigía "Sábado Gráfico", y acababa de marcharse un colega que vivía en uno de esos agitados países hermanos de América. Le pregunté cómo iban las cosas en ese país, y me contestó: "Me ha hecho un resumen muy inteligente. Unas veces van de la mierda a la revolución y, otras, de la revolución a la mierda". Ya no recuerdo en qué fase me informó que estaban, pero en estos días navideños de de deseos de paz y drones de guerra, y de convocatoria de elecciones, a ver si sale lo que quiero, me he acordado de nuestra poco aburrida historia, y creo que la Transición -tan despreciada ahora por el progresismo de los que jamás sufrieron la Dictadura- fue uno de esos momentos en que se hizo Política con mayúsculas, es decir, esa sabia combinación de imposición y cesiones, de exigencias y renuncias, de reivindicaciones y aplazamientos.

El no es no, y el muro, y el cordón sanitario, no es política, sino coacción, abuso y sometimiento, o sea, vocación dictatorial para convertir las consultas democráticas en un abuso de la estadística, que decía Borges.

La democracia es libertad, y la libertad es votar libremente. ¿Nos podemos equivocar al votar? Naturalmente. En Estados Unidos eligieron a un personaje que jamás creímos que pudiera ostentar la presidencia y, en el siglo pasado, un tal Adolfo Hitler llegó al poder con los votos del pueblo alemán. Por cierto, también Maduro, antes de dedicarse a perseguir compatriotas y despacharlos por cientos de miles, y cometer fraude en las elecciones y robarlas, también alcanzó el poder democráticamente.

Y un tal Pedro I, El Mentiroso, es un jefe de Gobierno, elegido democráticamente, lo que no quiere decir que eso le permita alargar una situación que escandaliza a Europa, y desprestigia a España y a quienes vivimos en España. Eso sí, nunca ganó las elecciones, pero consiguió el poder pactando, negociando* haciendo política.

Ahora resulta que está bien visto ceder ante el separatismo y, sentarse sin rencores, con quien era jefe de una banda de terroristas asesinos, pero eso mismo no lo puede hacer la derecha con la ultraderecha, que todavía no ha asesinado a nadie, ni ha intentado un golpe de Estado.

¡Ah! Y no mareen demasiado con la convocatoria de elecciones, si no sale lo que les gusta. El pueblo -equivocado o acertado-ya votó, así que arréglenselas, y si se empecinan mucho, sean extremistas o moderados, en creer que la política es mantenerse firme, a la próxima convocatoria les pondrán firmes la respuesta de las urnas, porque el electorado, como las relaciones amorosas, no se pueden descuidar, porque se rompen. Y es, entonces, cuando nos vamos a la revolución o a la mierda.

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