Pedro Calvo Hernando.- Camps y Camino

Actualizado 14/11/2009 13:00:31 CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) -

Me imagino que la escena de Francisco Camps en les Cortes Valencianes produciría una inmensa conmoción en el seno del PP y en el ánimo de todos sus votantes y simpatizantes. Que un jefe de un Gobierno acuse de deseos criminales contra él mismo por parte de un representante parlamentario de la oposición, es algo que merece todos los calificativos imaginables. Pero es que escenificar el asunto con imágenes de guerra civil o posguerra -"paseo", asesinato, abandono del cadáver en la cuneta- supera todos los calificativos y no hay palabra en el diccionario que sirva para describirlo. Con todo, pienso que tal vez lo más grave de todo fuese el aplauso con el que los suyos recibieron la canallada del presidente de la Generalitat valenciana. El grado de degradación moral y política que todo ello implica es suficiente para tachar de la tabla pública al autor del desaguisado y a sus aplaudidores. Por si éramos pocos, parió la abuela y el presidente Rajoy y la estructura del partido quedaron para el arrastre. El suceso es suficiente para adelantar el inmediato cese o dimisión de Camps.

Todo el resto de la actualidad política queda en dimensiones menores al lado de lo de les Corts: el debate de la financiación autonómica, por ejemplo, o el grave problema del atunero. No me decido a decir lo mismo sobre la anterior declaración del obispo Martínez Camino al referirse al aborto. Esta vez no le ha bastado con la previsible condena de la interrupción del embarazo, algo normal en las posiciones de la Iglesia jerárquica, siempre que se quedase en una expresión doctrinal dirigida a sus fieles. Pero no. El secretario de la Conferencia trata de imponer esa doctrina al Estado, al Gobierno, al Parlamento, lo que supone una intromisión inaceptable en un terreno que no es el suyo. Habría que escucharle si el Gobierno o el Parlamento hicieran lo mismo respecto de la Iglesia jerárquica. Los gritos llegarían al cielo. Pero la cosa pierde algo de gravedad a la vista de que los creyentes no nos tragamos tan fácilmente estas imposiciones, como todo el mundo puede comprobar.

PEDRO CALVO HERNANDO

OTR Press

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