Pedro Calvo Hernando.- Por una derecha responsable

Publicado 25/12/2018 8:00:50CET

MADRID, 25 Dic. (OTR/PRESS) -

Estamos asistiendo a una escenografía increíble de todo lo referente a Cataluña, agudizado en las horas y en los días de estancia del Gobierno de Pedro Sánchez en Barcelona, con ocasión de la reunión del Consejo de Ministros y de los encuentros entre Sánchez y Torra, por un lado, y de varios de los miembros del Gobierno del Estado y de la Generalitat, por otro. Han sido días más propios de un sainete estúpido que de una batalla campal. De nuevo hay que avergonzarse de lo que nos sucede, y menos mal que no hay que lamentar desgracias como las que podrían haber ocurrido. En los medios informativos europeos no daban crédito a lo que pasaba en España. La verdad es que muchos españoles, un servidor entre ellos, tampoco le damos crédito.

Por ejemplo, esa nueva ocurrencia de Pablo Casado, cuando afirma que Pedro Sánchez ha decidido vender el Estado y que eso es repugnante. O que el artículo 155 debe incluir también al Gobierno de la nación. O la arenga del PP y de Cs de que lo que hacen los del Gobierno socialista es una traición a España. Me gustaría saber si estos protagonistas saben de verdad lo que hacen y lo que dicen, aunque quisiera pensar que no lo saben.

Es verdad que los sectores más serios o no contagiados por el extremismo de derechas entienden lo que pasa y así lo explican, incluso los que mantienen una distancia notable del Gobierno de Sánchez. Pero ocurre que no consiguen evitar o evitar del todo el desconcierto que se produce en el seno del buen pueblo español, que a veces parece contagiado del veneno que aquellos destilan. O que parecen inasequibles al desaliento infundido desde los partidos y los medios de la derecha pura y dura, que está demostrando su incapacidad para comportarse con un mínimo de inteligencia y de sentido común.

Pero vamos a ver. ¿Lo que necesita España es que se rompan los puntos de contacto y de mutua comprensión entre los sectores políticos que aparecen enfrentados? ¿O lo que necesita más bien este país nuestro es recuperar con rapidez esos puntos de contacto y entendimiento imprescindibles para evitar que nos vayamos todos al garete y nos hundamos en el precipicio que nos ponga en la senda del caos y la autodestrucción?

Lo lógico y lo sensato desde la derecha sería propiciar, junto a la izquierda, un sano clima de entendimiento que facilite una solución a este clima de enfrentamiento a que nos tiene abocados lo que viene sucediendo en Cataluña durante los últimos años. Al menos hasta el punto de corregir el panorama para devolverlo al estado en que se encontraba hace entre seis y ocho años, cuando el independentismo, por sí o empujado por la actitud de la derecha, no había traspasado unas barreras que podrían llegar a ser irreversibles.

Las voces más sensatas son las de quienes durante estos días subrayan la conveniencia y la necesidad de reformar el Estatut de Cataluña, para situarlo, siempre por supuesto dentro de la Constitución, más o menos en el estadio que alcanzó esa norma cuando aún no había sido embestida por la dercecha y semidestruida por las altas instancias judiciales. Esa fue una responsabilidad de la derecha que ésta nunca ha sido capaz de reconocer. Y no podemos seguir así y al mismo tiempo pretender que nos libremos de las consecuencias de aquel gran error político y judicial cometido hace unos cuantos años. Esa tendría que ser la preocupación de la derecha para ayudar a la reconstrucción del edificio en cuya ruina tan eficazmente colaboró.

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