Pedro Calvo Hernando.- Un tobogán de espanto.

Actualizado 22/07/2009 14:00:41 CET
Actualizado 22/07/2009 14:00:41 CET

Pedro Calvo Hernando.- Un tobogán de espanto.

MADRID, 22 Jul. (OTR/PRESS) -

Los máximos dirigentes del PP han perdido los papeles y se han lanzado por un tobogán de espanto, con el gravísimo riesgo de descarrilar estrepitosamente. Lo que comenzó siendo un acoso contra el juez Garzón ya ha llegado a ser una ofensiva en toda regla contra todas las instituciones del Estado democrático. Todo el mundo sabe que es un disparate esperpéntico eso de acusar a todos de haber organizado una conjura universal en contra de las personas y del propio partido al que pertenecen esos protagonistas de los grandes escándalos de la corrupción masiva que comenzó a conocerse hace unos cinco meses y que crece y crece cada día que pasa, sin que se atisbe su final. Es terriblemente llamativo lo que acaba de suceder desde la publicación de las presuntas implicaciones de la alcaldesa de Valencia en la trama corrupta. Se entiende que los señalados nieguen la comisión de ningún delito, pero no se entiende que pretendan incriminar a todo bicho viviente.

Porque ya no se detienen ante nada y cargan gravemente contra el Gobierno (ahora, por "filtrar" informes policiales), el PSOE, la izquierda entera, los ministros de Interior y de Justicia, la policía, y los jueces, tribunales y fiscales que les imputan o les llaman a declarar y los medios de comunicación -especialmente los de PRISA- que se hacen eco de los presuntos hechos, de las terroríficas grabaciones y de cualesquiera acusación, empezando, claro, por las contenidas en las declaraciones del ex concejal del propio PP que levantó la liebre. Sólo quienes se callan o quienes les defienden a toda costa se libran de la triste ofensiva que ese partido sostiene contra el mundo entero. Tendrían que comprender que eso no conduce a nada si no es a un abismo del que luego sea muy difícil salir. No explican nada, pero ese comunicado amenazador es impropio de un partido que es de gobierno y que representa el pensamiento político y los intereses de unos cuantos millones de españoles que luego van a tener dificultades para votar a quienes así se comportan, por mucho que a algunos les dé lo mismo ocho que ochenta.