Rafael Torres.- Misoginia e impunidad

Publicado 27/12/2018 8:00:55CET

MADRID, 27 Dic. (OTR/PRESS) -

El indeseable que en Sanxenxo agredió la otra noche a dos chicas en la calle al grito de "si a los de La Manada no les pasó nada, a mí, por pegaros unas hostias, menos", expresaba así la sensación de impunidad que suscita el hecho de que la horda que agredió sexualmente a una joven en los Sanfermines se encuentre en libertad. La circunstancia de que dicha libertad se ajuste a derecho no sólo no atenúa esa sensación, sino que la incrementa, cuando menos para los desgraciados que odian a las mujeres.

Según los amigos del agresor que le acompañaban por la zona de ocio nocturno donde ocurrieron los hechos, muy frecuentada en éstas fechas, el tipejo "se ponía siempre así cuando bebía y lo mejor era dejarle". Lo mejor. ¿Cuántas veces con anterioridad a éste ataque le habían dejado hacer sus amigos por considerar que era "lo mejor"? Pero la complicidad por dejación con los perturbados violentos no acabó esa noche ahí, sino que extendió su inicuidad para mayor escarnio de las víctimas: la doctora del centro de salud al que acudieron éstas les dijo, pese a las señales de la agresión que ya se marcaban en sus rostros y costado, que no tenían nada, y que si denunciaban y perdían el juicio tendrían que pagar por la atención sanitaria que, por lo demás, tan mal se les estaba prestando.

Pero tampoco acabó ahí la indolencia, si es que no la cooperación necesaria, del sistema: denunciado el agresor, detenido por la Policía Local y entregado a la Guardia Civil, una hora después rulaba, libre, por la calle. Había, según las denuncias de siete testigos y de las propias víctimas, abofeteado, golpeado y arrojado al suelo a éstas, y, sin embargo, no parece sino que su percepción de la libertad de La Manada como sinónimo de impunidad fuera acertada.

Los miembros de La Manada, entre los que se hallan un militar y un guardia, esperan libres, bien que alguno robando gafas y dándose a la fuga, el resultado de apelaciones y pronunciamientos judiciales, pero aquellos que se les parecen en su violento desprecio por las mujeres consideran peligrosamente, cual expresó el curda que golpeó a las dos muchachas de Sanxenxo, que no les ha pasado nada. La Administración de Justicia, aparte de, como es natural, ajustarse estrictamente a las leyes, debería hacerse mirar esto.

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