Actualizado 24/03/2007 01:00 CET

Rafael Torres.- Rebelión ¿cívica?

MADRID, 24 Mar. (OTR/PRESS) -

En el contrasentido permanente en que se mueve el PP, tiene su lógica lo de la "rebelión cívica", esa cosa que alude a su plan desestabilizador de la sociedad para postularse como único salvador posible de ella una vez absolutamente desestabilizada. Pero ante la razón y el sentido común --y no digamos ante la moralidad política-- se trata de artero eufemismo de ecos escalofriantes: lo cívico, en democracia, es votar, y en el caso de los partidos, esperar a ser votados lo suficiente para gobernar y, entonces sí, hacer la política que, con el refrendo ciudadano y de la soberanía popular, prefieran.

Por el contrario, esto que hace el PP de, mediante insidias y mentiras, denigrar al gobierno, hacer sangre de todo, exhumar y movilizar al franquismo sociológico para que tome lacalle y pulverizar cualquier esperanza de acuerdo siquiera de cortesía parlamentaria, es rebelión que de cívica no tiene, por su nulo respeto a la voluntad mayoritaria libremente expresada en las urnas, absolutamente nada.

Pero es que, además, el partido de Aznar, Acebes, Zaplana y Rajoy, en su loca deriva hacia ninguna parte, ha cogido ahora la moda, el sonsonete, de comparar la actual situación política con la de la primavera del 36. Nada, mal que les pese, es hoy como en el 36, salvo, probablemente, ellos. Ni España, ni los españoles, ni la sociedad, ni el Ejército, ni la situación internacional, tienen hoy parecido alguno con aquellos tiempos en que se larvó aquí el prólogo brutal, mundial, del combate entre democracia y fascismo, saldado a la postre, menos mal, con la victoria definitiva (aunque a España no llegara esa victoria) de la primera contra el segundo. Ellos son los únicos, por su mentalidad y sobre todo por su comportamiento, que parecen haberse quedado varados en aquellos días en que la reacción tomó, y con qué funestas consecuencias, el atajo al poder que no pasa por las urnas.

Rafael Torres.

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