Rosa Villacastín.- El abanico.- El "savoir faire" de Michelle Obama

Actualizado 24/01/2009 1:00:41 CET
Actualizado 24/01/2009 1:00:41 CET

Rosa Villacastín.- El abanico.- El "savoir faire" de Michelle Obama

MADRID, 24 Ene. (OTR/PRESS) -

No habían pasado tres horas desde la toma de posesión de Barack Obama cuando ya algunos cronistas españoles se echaron a la yugular del nuevo presidente de los Estados Unidos, tachando la ceremonia de esperpéntica, excesiva, hortera. Criticas que tienen más que ver con la ignorancia de lo que representan los mitos y costumbres de ese país, que con las ideologías de quienes se erigen en guardianes del buen gusto y de la estética.

Pero siendo esto casi normal en determinados ambientes sociales de la city madrileña, lo que más me ha sorprendido han sido las críticas al estilismo de Michelle Obama, muy en la línea de las que se les hicieron a Carme Chacón, a Soraya Sáenz de Santamaría o a las ministras socialistas, recién llegadas al gobierno en su ya archifamoso posado para Vogue.

Que sean las propias mujeres las que abanderan estás campañas de desprestigio contra las mujeres que están en el primer plano de la política o de la vida pública, es algo que debería hacerles sonrojar por hacer gala de un machismo trasnochado. No soy una experta en moda pero sí tengo el suficiente olfato como para saber si alguien da el cante en un acto o no. Nadie puede negar que el traje que lució Michelle Obama -obra de la diseñadora cubana Isabel Toledo, era elegante y atrevido, teniendo en cuenta su estatura, el color de su piel y que la temperatura en Washington era esa mañana de diez grados bajo cero. Un traje que debía servirle tanto para el exterior como para el almuerzo que tuvo lugar en el Capitolio. Afortunadamente, no parece que al espectacular modelo para los diez bailes de la noche inaugural elegido por la primera dama estadounidense, la hayan llovido críticas. Era de un americano nacido en Tapei pero formado en la escuela de otro diseñador hispano.

Que Michelle haya elegido para sus actos más importantes de su vida, a diseñadores hispanos, es algo que hay que agradecerle, como hay que agradecerle su discreto papel durante la campaña y como mujer de uno de los hombres más importantes del planeta. Saber estar en ese segundo plano sin perder su propia personalidad no es fácil ni para ella ni para ninguna mujer con personalidad y profesión propia. No lo fue en España para Carmen Romero, ni lo está siendo para Sonsoles, la esposa de Zapatero. Para Carmen porque tuvo que renunciar a la enseñanza, y a tener un espacio privado, lo que no le impidió desempeñar su trabajo con una enorme dignidad, de igual manera que lo está haciendo Sonsoles, quién ya dejó claro desde el principio del mandato de su marido que para ella la familia era lo más importante.

Caso diferente fue Ana Botella, quien desde un primer momento apostó por un protagonismo mayor, no por acaparar portadas sino porque desde siempre ocupó un lugar predominante en la vida profesional de Aznar.

Juzgar a las mujeres sólo por los trajes que lucen, me parece una actitud machista y desfasada, más ahora que la mujer está alcanzando cuotas de poder nunca soñadas. ¿Acaso le importa a alguien cómo viste Angela Merkel cuando tiene que sentarse en la misma mesa que Sarkozy, Putin, o Zapatero? A mí desde luego no. Lo que les pido a las mujeres que están en el primer plano de la actualidad es que cumplan con su papel, y que cumplan bien y con profesionalidad.

Rosa Villacastín.

OTR Press

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