MADRID 16 Nov. (OTR/PRESS) -
Por no ser una especie protegida, los maestros han necesitado que el fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, dicte una orden para que se les ampare en el ejercicio de su función pública esencial. Porque los docentes, y es lamentable tener que recordarlo, cumplen una función tan esencial que sin ellos este país volvería a la barbarie y más aún en unos tiempos como los de ahora cuando los padres confunden tolerancia con indiferencia y prefieren llevarse bien con lo hijos antes que educarlos. Y esta no es una frase valorativa es un dato del informe que sobre "Jóvenes y valores" ha elaborado alguien tan prestigioso como el catedrático de Deusto, Javier Elzo.
Si la orden de Mena a sus fiscales para que acusen de atentado, con las consiguientes penas de cárcel de uno a tres años, a quien golpea un maestro se extiende por toda España se habrá puesto la primera piedra de una protección jurídica que, para vergüenza de todos, empieza a ser imprescindible en la escuela. Porque es bueno el mensaje que lanza la instrucción del fiscal jefe de Cataluña: que las agresiones no van a quedar impunes. Que los maestros, ya que no cuentan con el respeto social que merecen en una sociedad civilizada, van a ser protegidos por la Justicia y los golpes que se les propinen no serán una simple falta como hasta ahora.
¿Cómo consentir el caso de un profesor de Castelldefels que al expulsar a un alumno de clase fue golpeado y estuvo seis meses de baja, cuando volvió la hermana del agresor intentó pegarle de nuevo y ante su denuncia fueron un grupo de alumnos los que le esperaron a la salida del centro y tuvo que huir corriendo?. Puede que alguien piense que las penas de cárcel son excesivas pero solo el temor hará desistir a estos bárbaros y les meterá en la cabeza un respeto que, en su casa, no les han inculcado.
Aduce Mena, en su escrito a los fiscales, que con esta medida se defienden bienes jurídicos no solo individuales sino colectivos porque se está lesionando también el derecho de otros usuarios de una servicio público amparado por la Constitución como es la educación. Resulta difícil creer que un profesor maltratado va a ser capaz de imponer la autoridad en un aula. Ha llegado el momento de salvar, no solo a los ruiseñores y a los linces, sino a los profesores.
Victoria Lafora.