Actualizado 17/12/2006 01:00

Victoria Lafora.- Vigilados

MADRID 17 Dic. (OTR/PRESS) -

En los tiempos que corren son pocos los ciudadanos de una gran ciudad que no hayan sentido que un ojo omnipresente persigue sus pasos y graba cada uno de sus gestos. Pues no se engañen, no es una impresión, es la pura realidad. En la calle, por las aceras, en el trabajo, en los grandes almacenes, en los probadores de las tiendas, en los aparcamientos, en cada esquina de nuestra vida, el ojo de una cámara de vigilancia nos observa y alguien, al otro lado, viola nuestra intimidad.

Tan apresurados vamos que no prestamos atención a esos pequeños artilugios que, colgados de cualquier rincón, giran el objetivo a nuestro paso y espían nuestros más íntimos gestos como hurgarse la nariz, fumar donde está prohibido, rascarse donde no se debe, besarte con tu pareja, o peor aún, con quien no es tu pareja. Mantener una relación clandestina, tan fácil antes en una gran urbe donde nadie se conoce, ha pasado a ser una empresa hercúlea. Ahora cada achuchón, cada abrazo, puede quedar grabado para siempre por cientos de ojos electrónicos testigos del adulterio. Tal vez consciente de la merma de intimidad y libertad que supone para los ciudadanos la presencia de este Gran Hermano, el Gobierno, a través de la Agencia de Protección de Datos, ha dado un plazo de tres meses a los gestores de sistemas de video vigilancia para que coloquen distintivos, ubicados en un lugar suficientemente visible, que avisen con claridad sobre la presencia de las impertinentes cámaras. El cartel deberá a su vez identificar a la empresa responsable. De este modo, quienes se sientan gravados contra su voluntad y, sobre todo, quienes consideren vulnerada su intimidad, podrán reclamar a un ojo en concreto.

Evidentemente, esta norma no afectará a las cámaras de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que tienen su regulación propia y además, como en el caso de los radares fijos, ya avisan de su presencia. A partir de ahora, los transeúntes podremos sentirnos un poco más libres y seguros; tan solo tendremos que estar atentos a los cartelitos avisadores: "¡Quieto cariño, ahora no, que hay una cámara!"

Victoria Lafora.

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