Actualizado 13/12/2016 12:16 CET

Los juguetes conectados, el regalo de estas Navidades: riesgos y consejos para un uso seguro

   MADRID, 13 Dic. (EDIZIONES/Portaltic) -

   Con las Navidades a la vuelta de la esquina, la lista para Papá Noel o los Reyes Magos se llena, allí donde hay niños, de juguetes, y en los últimos años no faltan los electrónicos y los llamados inteligentes, que se conectan a Internet e interactúan con los menores.

   Estos juguetes ofrecen una experiencia de juego renovada: el niño o la niña ya puede hablar con su muñeco y éste le responderá; quizá permita hacer fotos, y compartirlas en las redes sociales; o interactúe, a su vez, con otros dispositivos, como ordenadores, móviles o tabletas, para actualizarse y ofrecer nuevos contenidos.

    Sin embargo, estos juguetes inteligentes generan dudas sobre la seguridad de los menores y su privacidad. Se trata de juguetes que recogen información personal del menor, como su nombre y edad, en ocasiones el nombre de los padres o sus amigos, la ciudad donde vive, el colegio al que asiste. Si son capaces de hacer fotografías, la imagen del niño o la niña puede quedar expuesta aun si los padres no lo pretenden, o su voz, grabada y almacenada en el propio juguete o en servidores de la compañía.

CAYLA, LA MUÑECA QUE ESPÍA A LOS NIÑOS

   Mi amiga Cayla es uno de esos juguetes que suscitan dudas en los padres y los colectivos de consumidores. Cayla interactúa con los niños, en inglés o español. Según sus creadores, Genesis Toys, "¡Es como una amiga de verdad! ¡Te hablará de casi todo!". Pero en Estados Unidos han saltado las alarmas.

   Diversas asociaciones y organizaciones han presentado una queja contra Genesis Toys, juguetera responsable de Cayla y de los robots i-Que, y contra Nuance Communications, empresa tecnológica especializada en reconocimiento de voz. La queja acusa a los juguetes de espiar a los menores, como recoge BBC Mundo.

   En concreto, estas asociaciones --el Centro de información sobre la Privacidad Electrónica (EPIC, por sus siglas e inglés), la Campaña por una Infancia Libre de Comerciales (CCFC), el Centro para la Democracia Digital y la Unión de Consumidores-- denuncian que las conversaciones que los niños mantienen con estos juguetes quedan grabadas y almacenadas, "sin limitaciones en su colección, uso o divulgación".

   Los dos juguetes puestos en duda se conectan al móvil mediante una aplicación. Cayla cuenta con conexión Bluetooth, un micrófono y un altavoz; por su parte, los robots i-Que, a pesar de ser un juguete que emite sonidos --gasta bromas y tiene efectos sonoros--, solicitan acceso a la cámara. Ambos interactúan con los niños, mantienen conversaciones con ellos, que se graban y almacenan.

   Ante las acusaciones, como recoge el medio citado, la compañía Nuance Communications ha asegurado que se toma muy en serio la privacidad, y que no comparten los datos de sus clientes. No obstante, la Asociación Europea de Defensa de los Consumidores (BEUC, por sus siglas en francés) ha señalado la transferencia de datos de la juguetera a la compañía tecnológica.

   Los juguetes de Genesis Toys no son los únicos señalados por las asociaciones en defensa de los menores y los consumidores. La muñeca Barbie, por ejemplo, también ha estado en el centro de la polémica con Hello Barbie, que interactúa con los niños y genera respuestas a partir de un 'software' basado en el aprendizaje automático, para una conversación más natural y fluida.

   Las conversaciones con Hello Barbie quedan grabadas y almacenadas en los servidores de Mattel (por dos años, según ha denunciado la directora de la Campaña para una Infancia Libre de Anuncios, Susan Linn, en Estados Unidos). La compañía asegura que es para mejorar las conversaciones, que no venden los datos a terceros y que los padres tienen control sobre ellas, pudiendo escucharlas y borrarlas cuando quieran.

JUGUETES INTELIGENTES EN EL PUNTO DE MIRA DE LOS 'HACKERS'

   El uso que las compañías hagan de los datos recogidos y almacenados por los juguetes no es el único riesgo al que se enfrentan los menores y sus padres. Los sistemas pueden ser 'hackeados', es decir, un tercero puede acceder al sistema, a la información almacenada, cogerla y compartirla en Internet.

   Las jugueteras VTech y Fisher Price se han visto envueltas en problemas de seguridad con sus juguetes. En el primer caso, la información de 200.000 niños y cinco millones de adultos quedó expuesta a finales de 2015. El 'hacker' que accedió a los sistemas de VTech aseguró que solo quería llamar la atención sobre la falta de seguridad a la que quedan expuestos los niños.

   Este 'hacker' tuvo acceso a nombres, direcciones, 'emails' o contraseñas y direcciones IP, información que puede dirigir a datos más sensibles e incluso a relacionar padres e hijos.

   En el caso de Fisher Price, el culpable fue un osito de peluche con un fallo de seguridad, que podía dar acceso a los 'hackers' al sistema y a datos sobre los menores. El osito se conecta al móvil mediante una 'app' para su actualización y la compañía insta al registro en la web, donde se introduce información personal del niño y los adultos.

EL PAPEL DE LOS PADRES EN LA SEGURIDAD DE SUS HIJOS

   Las compañías especializadas en seguridad han empezado a alertar sobre el problema que pueden suponer los juguetes conectados si no se usan con el debido cuidado, y a compartir consejos para que los padres sepan cómo deben configurarlos para limitar los datos que se comparten, las funciones que realizan o dónde se almacenan los datos.

   La política de privacidad de los dispositivos y las opciones de configuración son dos puntos clave que los padres no pueden ignorar, como comparte Trend Micro. Cuestiones como la localización, las fotografías y vídeos o los comandos de voz deben quedar debidamente configurados, según lo que los padres consideren adecuado o menos intrusivo.

   Algunos juguetes, incluso, requieren claves de acceso, contraseñas o incluso parámetros biométricos. Lo primero que hay que hacer nada más desempaquetar el dispositivo, como recuerda ESET, es cambiar la contraseña de acceso, dado que todos los aparatos vienen con una contraseña por defecto que suele ser muy fácilmente reconocible por los ciberdelincuentes. Así, cuanto menos evidente sea la nueva clave, mayor seguridad aportará, especialmente si intercala letras con números y signos, mayúsculas y minúsculas.

   Los datos biométricos, por su parte, como resalta Trend Micro, se pueden utilizar para obtener las características físicas y datos del comportamiento del niño, por lo que aconsejan que el fabricante solicite el consentimiento por escrito de los padres para recopilar o compartir datos biométricos.

   Importa también descubrir si el dispositivo, y la compañía, permite rechazar la recopilación de datos, y si en caso de recopilarlos, ofrece una opción para eliminarlos.

Es también importante eliminar las conexiones a Internet cuando no sean necesarias. Por ejemplo, como explican desde ESET, debemos preguntarnos si el nuevo dispositivo que le han regalado a nuestro hijo tiene que estar conectado todo el día o sólo cuando juega con él.

Además, a la hora de conectar el dispositivo a Internet mediante una red WiFi, es necesario asegurarse de que se hace a una red de confianza, preferiblemente la del propio usuario. También hay que actualizar el router y todos los dispositivos de seguridad, como el cortafuegos o el antivirus.