ZARAGOZA 15 Dic. (EUROPA PRESS) -
El equipo de Investigación de Atapuerca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza ha analizado los fósiles de pequeños vertebrados obtenidos de más de 300 toneladas de sedimentos procedentes de los yacimientos arqueológicos de la Sierra de Atapuerca en la última década.
Aproximadamente, cada temporada se mueven y se lavan unas 30 toneladas de sedimentos. Las excavaciones se realizan en el mes de julio, en el río Arlanzón, donde se encuentran fósiles de pequeños mamíferos, como ardillas, marmotas, erizos, topos, murciélagos y conejos, informó la Universidad de Zaragoza en un comunicado.
Estos fósiles son una de las herramientas más útiles para conocer la edad relativa, tanto de los estratos de los yacimientos, como de los restos de plantas y fósiles humanos que aparecen entremezclados, según lo explicó la profesora de Paleontología y responsable de este equipo de investigación de la Universidad de Zaragoza, Gloria Cuenca.
Esta investigadora publicó un artículo sobre estas excavaciones en el segundo número de la revista 'conCIENCIAS', de la Facultad de Ciencias de Zaragoza, titulado 'El hombre de Atapuerca del siglo XXI', que forma parte de un monográfico sobre el cosmos, la tierra, el hombre y la vida.
La decana de Ciencias, Anabel Elduque, destacó al respecto que este número de la revista hace un guiño al Año Internacional del Planeta Tierra, que se celebra en el 2008, con colaboraciones de prestigiosos científicos aragoneses, según se recoge en el editorial de la publicación.
ATAPUERCA
Los estudios del equipo de Investigación de Atapuerca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza han permitido conocer que los humanos habían vivido en esta zona burgalesa de las inmediaciones del río Arlanzón al menos desde hace casi un millón y medio de años, gracias a los datos aportados por los estudios de la microfauna y de los estratos de los yacimientos.
Gloria Cuenca precisó que los estudios sobre los yacimientos arqueológicos y paleontológicos de Atapuerca "nos permiten conocer más sobre nuestros ancestros y responder a algunas cuestiones sobre su evolución y también sobre nuestro futuro".
El trabajo que desarrolla su grupo tiene un doble objetivo, por un lado, conocer la edad relativa de los distintos niveles, y, por otro, reconstruir el paisaje y el clima en el que vivieron los seres humanos.
"Lo que hacemos es ordenar el contenido fósil de los sedimentos en una sucesión temporal, en la que podemos anotar apariciones y extinciones de los animales, plantas y fósiles humanos". Para eso, es necesario hacer primero un estudio geológico de los sedimentos que, a su vez, se agrupan por estratos. Al final, se analiza el contenido fósil de cada estrato.
Gloria Cuenca relató que normalmente junto a los restos humanos y de grandes mamíferos se encuentran abundantes restos de vertebrados de pequeños tamaño, que sólo se pueden obtener mediante técnicas del lavado y tamizado de sedimentos.
Estos pequeños mamíferos son conocidos de forma informal como micromamíferos e incluyen a todos los miembros de la familia de los Rodentia (ardillas, ratas, topillos, marmotas, castores, puercoespines, ratones), Insectívora (erizos, musarañas, musgaños, topos), Quiróptera (murciélagos) y Lagomorpha (conejos, liebres, pikas).
TRABAJO RECUPERACIÓN
La obtención de los restos fósiles de estos pequeños vertebrados hace preciso tamizar y lavar el sedimento excavado para retirar los restos de arcilla. "Esto se realiza con la ayuda de tamices de luz de malla de 0,5 milímetros, el más pequeño, a dos centímetros, el más grande, lo que permite eliminar la arcilla estéril y concentrar los huesos".
Estos concentrados se analizan después en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza y se separan en el laboratorio con ayuda de lupas binoculares y pinzas. Los fósiles pertenecen a muy distintos grupos de vertebrados, como mamíferos, aves, reptiles, peces y anfibios, que se separan a su vez en huesos del esqueleto craneal --del que se preparan los dientes y mandíbulas-- y del postcraneal.
El estudio de este material es de gran trascendencia porque entre otras cuestiones, los dientes son los elementos esqueléticos más resistentes, por lo que tienen una conservación diferencial con respecto al resto de los elementos esqueléticos, y sobre los que se practican hasta una treintena de medidas, que aportan datos sobre su clasificación, ecología, dieta y edad geológica, concluyó la investigadora.