BILBAO 25 May. (EUROPA PRESS) -
El biólogo Iker Mijangos ha desarrollado una tesis, en la Universidad del País vasco, en la que evalúa distintas prácticas agrícolas alternativas con el fin de analizar su influencia sobre la productividad de los cultivos y sobre la salud del suelo.
El trabajo, titulado 'Impacto de las prácticas agrícolas sobre la salud del suelo', ha sido dirigido por Carlos Garbisu Crespo e Isabel Albizu Beitia, del departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU, y ha contado con la colaboración de Neiker-Tecnalia, donde Mijangos actualmente trabaja como investigador.
Mijangos ha realizado una serie de estudios encaminados a la evaluación de prácticas agrícolas alternativas -no laboreo, abonado orgánico, aplicación de arena caliza y ceniza de madera como materiales encalantes-, para analizar su influencia sobre la productividad de los cultivos y sobre la salud del suelo, que se estima basándose en una serie de propiedades físicas, químicas y, sobre todo, biológicas.
En el primero de los estudios se concluye que, en pastos extensivos de montaña, la arena caliza, como material encalante, es una alternativa viable a la cal viva ya que, "en dosis moderadas, ambos productos corrigen ligeramente la acidez de los suelos y producen un incremento equilibrado de su actividad biológica y también de la productividad y del valor nutritivo del pasto".
Con respecto a las rotaciones forrajeras intensivas de fondo de valle, la evaluación muestra que la utilización de purín de vacuno como abono orgánico, el uso de la técnica del no laboreo y la incorporación de leguminosas como cultivos de invierno permiten reducir los costes de producción, en comparación con el abonado mineral, el laboreo convencional y el monocultivo de gramíneas, respectivamente.
También indica que la aplicación de purín fresco de vacuno, especialmente en combinación con el no laboreo, favorece la actividad y la diversidad funcional de las comunidades microbianas del suelo, así como la abundancia de lombrices. No obstante, apunta a que, en suelos de textura fina, el no laboreo puede dar lugar a problemas de compactación a partir del segundo año.
En el ensayo con especies forrajeras, el investigador ha podido observar que la aplicación del herbicida glifosato, "en las dosis recomendadas", modifica la diversidad funcional de las comunidades microbianas rizosféricas, que habitan en una parte del suelo inmediata a las raíces.
A partir de estos estudios, se concluye que la biomasa, la actividad y la diversidad funcional de las comunidades microbianas edáficas del suelo, así como la abundancia de lombrices, tienen un "gran potencial" para monitorizar el efecto de las prácticas agrícolas sobre la salud del suelo.
Este tipo de estudios son, según destacaron desde la UPV, "muy útiles" porque la progresiva degradación de los suelos agrícolas es "un importante problema medioambiental y social que compromete la seguridad alimentaria de una población mundial creciente". En consecuencia, se considera necesaria una transición hacia una agricultura "más respetuosa" con el medio ambiente, con medidas como la incorporación de técnicas agrícolas que "compatibilicen la productividad de los cultivos y la protección del recurso suelo".