Uno de cada dos niños de Guatemala sufre desnutrición crónica

Publicado 04/11/2015 11:21:53CET
Niños Guatemala Asociación Paz y Bien
EUROPA PRESS

   CIUDAD DE GUATEMALA (GUATEMALA), 4 Nov. (de la enviada especial de EUROPA PRESS, Laura Ramírez) -

   Uno de cada dos niños en Guatemala (en torno a un 50 por ciento) sufre desnutrición crónica, un porcentaje que aumenta entre la población indígena (que representa el 40 por ciento de la población total) hasta un 70 por ciento. Los médicos del consultorio médico en Chiquimula de la asociación Paz y Bien, a la que apoya la ONG española Manos Unidas, atienden entre diez y 15 casos todos los meses.

   "Se ven las gráficas de la Organización Mundial de la Salud para evaluar en qué percentil está el niño y también hay signos: algunos vienen hinchados, decaídos, irritados y otros sólo tienen piel y huesos, se les cae el pelo y llegan con la mirada perdida", ha indicado el pediatra del centro, Gerson Morales.

   Para no llegar a este extremo, la asociación Paz y Bien -que también cuenta con un centro de promoción social para niños con discapacidad y un comedor escolar-- entrega planes nutricionales a las familias así como algunos alimentos necesarios para completar su dieta que en la mayoría de los casos y debido a la pobreza (que afecta al 57 por ciento de la población) se basa en frijoles, maíz y tortillas.

   Precisamente estos son los alimentos que comen a diario Paula Pérez, de 85 años, su hija Anabel y su nieta Iris, que se han desplazado este miércoles en 'tuc tuc' --una especie de moto taxi guatemalteca-- hasta el consultorio. Allí les han comunicado que el hijo de Iris, Álex Fabián, de 5 años, sufre desnutrición.

   "La asociación nos ha proporcionado alimentos porque con nuestro sueldo no nos alcanza para comer. Mi hija y yo ganamos unos 30 quetzales los días que trabajamos, que no son todos y no nos llega para alimentar a las nueve personas que vivimos en la casa", explica Anabel, que reclama "comida" al Gobierno de Guatemala.

   En todo caso, no siempre es tan sencillo que la población de las zonas rurales acuda al centro a pedir ayuda y muchas veces, según explican los trabajadores, es el propio padre el que se opone a llevar al hijo al pediatra ante un posible caso de desnutrición.

LA MITAD DE LAS MUJERES SUFREN VIOLENCIA DE GÉNERO

   "Se cree que la mujer está solo para casarse, tener a los hijos y estar en la casa, mientras el esposo es el que manda, el que decide", apunta la psicóloga Sandra Ramírez, que precisa que en la zona de Chiquimula la mitad de las mujeres sufren violencia de género, un maltrato que también afecta a los hijos.

   "Noé --un niño con Síndrome de Down que vive en la residencia para niños con discapacidad que también gestiona Paz y Bien--, va de visita a su casa una vez cada dos meses y la última vez, cuando volvió, nos contó que su papá había golpeado a su mamá y que tuvieron que huir al monte. Hablamos con la madre, que sufría maltrato desde hacía varios años, y nos dijo que no denunciaría", relata.

   Sin embargo, el caso de la madre de Noé no es aislado, pues la mayoría de las mujeres deciden no denunciar "por miedo" o incluso, si lo hacen y la Justicia pone unas medidas de alejamiento, son ellas mismas las que las rompen y acaban dejando entrar al marido a casa, según añade Ramírez.

   Para combatir esta violencia contra la mujer de Chiquimula, la asociación tiene previsto poner en marcha en 2016 un proyecto para atender y dar formación a un centenar de estas mujeres, tal y como apunta a Europa Press la voluntaria española y trabajadora social Sara Ales, que también reivindica mayores oportunidades en el ámbito de la educación y el empleo para las personas con discapacidad.

   Precisamente, en la residencia de la asociación Paz y Bien viven en estos momentos 30 niños y jóvenes con discapacidad. Los menores con discapacidad representan el 2 por ciento de los atendidos en el centro, según precisa el presidente de la asociación, Adolfo Oliva, aunque sospechan que hay más. "A algunos de estos niños los ocultan, a otros directamente no les traen y a otros, como Juanito, no les dan de comer al no aportar dinero a la casa", subraya.

   Ante esta situación, la asociación se convierte para estos chavales en un hogar donde además les ayudan a integrarse en la sociedad con programas como el de los invernaderos, una iniciativa a través de la cual los jóvenes se demuestran a sí mismos que pueden realizar actividades agrícolas y ganaderas.

   Además, con este proyecto se capacitará a 700 familias a las que se entregarán semillas para cultivar sus propias frutas y verduras, un paso más para conseguir romper la espiral de la desnutrición.

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