Partículas del bioplástico PHBV (en rojo) en el tracto digestivo de A. Franciscana. - IATS-CSIC
MADRID, 29 Ene. (EUROPA PRESS) -
Crustáceos de la especie 'Artemia franciscana' pueden obtener energía al digerir microplásticos biodegradables, como se constata en su crecimiento y en otros cambios importantes en su fisiología, según una investigación del Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (CSIC).
El estudio, publicado en la revista 'Marine Pollution Bulletin', ha contado con la participación de la Universitat Jaume I (UJI), el Instituto Argentino de Oceanografía y el Instituto de Ciencias Biológicas y Biomédicas del Sur, ambos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET).
En concreto, han estudiado el género 'Artemia', crustáceos filtradores que obtienen su alimento del fitoplancton que habita en ecosistemas hipersalinos, como lagos salados o salinas costeras, donde sirve de alimento para flamencos, gaviotas y otras aves. Además de ser utilizado como alimento en estadios tempranos de peces y crustáceos en acuicultura, es un magnífico modelo de experimentación en el estudio de redes tróficas y en ecotoxicología.
En este caso, el equipo ha analizado los efectos de su ingesta de microplásticos de polihidroxibutirato-co-valerato (PHBV), biopolímeros de origen renovable producidos por bacterias que son biodegradables, debido a su descomposición en el medio ambiente, y biocompatibles, capaces de interactuar con sistemas biológicos sin causar reacciones tóxicas.
Aunque la exposición a estas partículas no solo no fue letal, sino que también en algunos casos estimuló el crecimiento de los organismos, este aparente beneficio tiene su contraparte. Tras pasar por el tracto digestivo, alteraron la arquitectura de las células intestinales y modificaron el perfil de ácidos grasos de los animales.
Además, los PHBV redujeron el estrés oxidativo, a diferencia de los microplásticos convencionales, que suelen provocar un aumento de este tipo de estrés (daño celular causado por un exceso de moléculas perjudiciales). Esto sugiere que el crustáceo podría estar digiriendo y obteniendo energía del plástico, a diferencia de lo que sucede con los microplásticos procedentes de plásticos convencionales.
"Estos hallazgos son cruciales", ha explicado la científica del CSIC en el IATS y una de las coordinadoras del estudio, Inmaculada Varó. "Indican que la biodegradabilidad no es sinónimo de inocuidad, sino que el material puede bioasimilarse e interactuar con los organismos de formas profundas que debemos comprender para evaluar su verdadero riesgo ecológico", ha añadido.
"Este trabajo destaca las diferencias que supone para el medioambiente los microplásticos de PHBV respecto a los convencionales, a la vez que pone de manifiesto la necesidad de evaluar con más detalle el ciclo de vida completo de los bioplásticos" ha afirmado la investigadora del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO-CONICET) y también coordinadora del estudio, Natalia Buzzi. En este sentido, ha instado a "un debate global más informado sobre la contaminación plástica en nuestros ecosistemas acuáticos".
Para llegar a estas conclusiones, el equipo combinó técnicas de biología, histología, química de lípidos y ciencia de materiales, para exper al pequeño crustáceo a concentraciones variables de microplásticos de PHBV durante dos semanas, en diferentes etapas de su vida. El uso de microscopía electrónica permitió también ver cómo las partículas recuperadas de las heces habían cambiado su superficie, lo que evidencia que una parte de estos plásticos fueron digeridos efectivamente por 'Artemia franciscana'.