Publicado 08/08/2018 15:11

El Papa recuerda a la filósofa Edith Stein y le pide "que proteja a Europa de la frialdad"

ROMA, 8 Ago. (EUROPA PRESS) -

El Papa Francisco ha recordado durante su audiencia de este miércoles 8 de agosto a la filósofa de origen judío convertida al catolicismo Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz, por su nombre religioso), copatrona de Europa, que murió en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, y le ha pedido que "proteja a Europa de la frialdad".

"Mártir, mujer de coherencia, mujer que busca a Dios con honestidad, con amor y mujer mártir de su pueblo judío y cristiano. Con la esperanza de que ella, la Patrona de Europa, rece y proteja a Europa de la frialdad", ha subrayado.

Durante su catequesis en el Aula Pablo VI, después de la pausa de verano del mes de julio, el Pontífice ha profundizado sobre la idolatría, con la escena bíblica del becerro de oro y ha advertido de "los grandes ídolos: el éxito, el poder y el dinero, las tentaciones de siempre".

Francisco ha invitado a los 7.000 fieles presentes a detenerse en el contexto en el cual se desarrolla este episodio del libro del Éxodo, y se ha preguntado: "¿Qué es el desierto? El desierto es el lugar en el que reinan la precariedad y la falta de seguridad". Esta es, a su juicio, "una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables".

Para escapar de la precariedad, el Papa ha indicado que el hombre busca una religión "casera", es decir, se hace "un dios a medida". "Entendemos entonces --ha añadido-- que el ídolo es un pretexto para ponerse en el centro de la realidad, en adoración de la obra de las propias manos".

La necesidad de un ídolo, ha recordado, lleva a Aarón a crear un becerro --entonces símbolo de fecundidad, abundancia, energía y fuerza-- hecho de oro y, por lo tanto, representación de la riqueza.

"Esto es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y que, en cambio, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza", ha advertido. Por ello, ha agregado que la gran obra de Dios es "quitar la idolatría de los corazones".

Para Francisco, "todo nace de la incapacidad de confiar sobre todo en Dios", que hace "fuertes" a los hombres y mujeres "en la debilidad, en la incerteza y también en la precariedad". "Sin la primacía de Dios caemos fácilmente en la idolatría y nos contentamos con miserables garantías", ha añadido.

Si bien, ha puntualizado que "la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino la condición para abrirse a quien es verdaderamente fuerte". "La salvación de Dios entra por la puerta de la debilidad", ha enfatizado, al tiempo que ha indicado que aceptar la "propia fragilidad" ayuda a "rechazar los ídolos".

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