La ciudad de Peñíscola, situado en la Comunidad Valenciana, nos descubre playas de arena blanca que se extienden a lo largo del cálido Mediterráneo. Coronando la ciudad, sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, los caballeros del Temple elevaron el magnífico castillo de Peñíscola entre los años 1294 y 1307, en una colina desde la que se domina el mar y la ciudad. El sigo XV convirtió Peñíscola en sede pontificia, y el castillo fue reformado por Benedicto XIII, con el fin de convertirlo en su morada como Palacio Pontificio.
El castillo tuvo desde su construcción un carácter defensivo, reforzado por la estratégica posición en una colina de piedra a unos sesenta y cinco metros sobre el nivel del mar. Debido a esta situación ventajosa, la fortaleza y la ciudad de Peñíscola fueron testigos de las historias de caballeros y luchas de religión más apasionantes del medievo español, así como de las formaciones de las civilizaciones mediterráneas. Fenicios y griegos, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes... todos se aprovecharon de la ventajosa situación de esta ciudad valenciana dotada del mejor clima y de su propia agua dulce que brota de las entrañas de la propia roca en la ciudadela.
Esta torre vigía inexpugnable abre sus puertas a paseos que trasladan a otra época, con su aljibe, el establo, el salón del cónclave, las habitaciones pontificias, una plaza de armas, una iglesia... El Parque de Artillería del castillo se ha convertido en parque botánico donde se puede disfrutar de los olores del Mediterráneo, los olivos y las lavandas, y de la flora autóctona del Parque Natural de la Sierra de Irta. Desde este castillo las imágenes más bellas de la bahía de Peñíscola se despliegan de forma inusual.
Peñíscola también cuenta con un sorprendente Casco Antiguo cuyo conjunto de murallas han sido construidas en distintas épocas, configurando su potente imagen de fortaleza inexpugnable e intensificando su aire de ciudad mágica. Las rutas a lo largo de los antiguos muros de piedra reviven los recuerdos de una época apasionante en la que Peñíscola fue protagonista.
La misteriosa fortaleza dio vida a numerosas historias y leyendas que pintan las paredes de toda la ciudad. En especial presenció uno de los capítulos más controvertidos de la historia papal: la historia del Papa Luna.
Don Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor nació en 1328 en la localidad zaragozana de Illueca. Desde joven, tuvo gran afición a las armas, si bien con el tiempo se dedicaría a otras disciplinas académicas. Destacó pronto en Derecho Canónico, materia que llegaría a impartir en la Universidad de Montpellier. Abandonó más tarde la docencia para convertirse en eclesiástico, ocupando cargos importantes en Vich, Tarragona, Huesca o Valencia. Hasta tal punto llegó su prestigio, que el Papa Gregorio XI lo nombró cardenal-diácono.
A la muerte de Gregorio XI es designado por unanimidad como nuevo Papa, cargo que ejercería bajo el nombre de Benedicto XIII en 1394.
Sin embargo, Benedicto XIII resultó ser un Papa incómodo para quienes pretendían manejar los hilos del poder civil y eclesiástico.
Definido por los historiadores como un hombre observador, astuto y austero, el Papa Luna se había convertido en un obstáculo.
Peñíscola enamoró al Papa Luna que se desplazaba allí para descansar, pensar, meditar y trazar los planes que debía seguir. Tan lejos llegaba su admiración por esta ciudad costera que ya como Papa, don Pedro pone Peñíscola bajo jurisdicción de la Santa Sede y convierte la fortaleza
en palacio pontificio. Allí vivió, se refugió cuando las circunstancias se precipitaron en su contra y murió finalmente de forma oculta y oscura.
Estas increíbles historias y leyendas que forman las luces y las sombras de la historia del Mediterráneo, se pueden contemplar en Peñíscola siguiendo las rutas que nos descubren sus rincones más mágicos.
Más información: www.peñiscola.es