Por Cristina Casillas
La trufa es un manjar considerado digno de los dioses desde época de sumerios, griegos y romanos, que incluso atribuyeron a este hongo, no muy atractivo a la vista pero delicioso al gusto o el olfato, cualidades afrodisíacas.
De entre las más de 30 variedades que existen en el mundo, Italia posee una de las mayores reservas de trufa, con la región de Piamonte como destino predilecto de buscadores que, acompañados por sus perros y bajo el amparo de la noche, se adentran en húmedos bosques de suelos alcalinos y muy porosos para encontrar este preciado (y carísimo) condimento culinario.
Sin embargo, no muchos en la Europa occidental saben que Istria, la pequeña península que hoy se reparten eslovenos y croatas, y que hace no mucho perteneció al Reino de Italia, es un pequeño paraíso de la trufa (sobre todo la blanca, mucho más escasa y, por ello, codiciada) a caballo entre Oriente y Occidente.
Quien sí sabe mucho de esto es Giancarlo Zigante, un istriano de origen italiano que en 1999 encontró la trufa blanca más grande hallada hasta el momento. De hecho, sus 1.310 gramos de peso le valieron el récord Guinness de la categoría, que detentó durante más de una década.
A raíz del descubrimiento, Zigante vio la oportunidad de abrir un restaurante especializado en la gastronomía 'trufeica' y, con el auge de la cocina de autor, amplió el negocio con la Feria de la Trufa, conocida como 'Tuberfest', que anualmente se celebra en Livade entre los meses de octubre y noviembre.
Siete fines de semana que sirven a Zigante para hacer caja ya que atraen a muchos turistas, gastrónomos aficionados o simples curiosos que disfrutan de actividades como la caza de la trufa (acompañados por expertos en la materia, buscan en las márgenes del río Quieto, lugar propicio para hallar el hongo) o la elección de la trufa más grande y bonita.
Además, también se puede aprender a extraer el máximo partido de las trufas con clases magistrales, así como participar en subastas de trufas o conocer un poco más la historia del hongo.
Como souvenir de la visita uno se puede llevar todo tipo de paté de trufa mezclada con setas boletus, frutas o aceitunas, así como aceites a la trufa negra o blanca, trufas secas o en aceite para preparar diversos platos, u otros productos de la región.
De hecho, los agricultores de la zona aprovechan el 'tirón' de la iniciativa de Zigante para montar sus propios stands en una diminuta feria en una de las dos calles de Livade y vender lavanda, miel, aceites, quesos, embutidos, vinos, grappa y otros artículos de la región.
Y a quien tanta trufa le sepa a poco, aún tiene como opción realizar, a pie o en bicicleta, alguna de las muchas rutas que recorren el interior de los bosques de Motovun, visitar la bellísima iglesia tardorrománica de Hrastovlje (en la muy cercana Eslovenia) o conocer otros pueblos de los alrededores, que se unen a la celebración de la feria de la trufa para que el inicio del otoño sepa mejor.
Más información: http://www.istria-gourmet.com y http://sajamtartufa.com.