Idlib, la batalla final en la guerra de Siria

Actualizado 18/08/2018 10:09:09 CET

La ONU teme hasta 700.000 desplazados si se produce una ofensiva del régimen y apela a buscar soluciones diplomáticas

Turquía y Rusia tienen la llave para evitar lo que podría ser el mayor baño de sangre registrado en más de siete años de conflicto

MADRID, 18 Ago. (EUROPA PRESS) -

Una ofensiva a gran escala por parte del régimen de Bashar al Assad y sus aliados sobre la provincia de Idlib, el último bastión de los rebeldes en el noroeste del país, desencadenará un "baño de sangre" que la ONU está tratando de evitar por todos los medios, advirtiendo de que las crisis humanitarias generadas por los asaltos sobre Alepo o Ghuta Oriental distan de la magnitud que podría producirse ahora.

Idlib se ha convertido en el último refugio de los rebeldes y sus familias ante el inexorable avance de las fuerzas del régimen tras el punto de inflexión que supuso la intervención rusa del lado de Al Assad en septiembre de 2015 y hasta la provincia han llegado los evacuados en el marco de los acuerdos de retirada de Alepo Oriental, Ghuta Oriental o más recientemente de Derá.

La provincia, fronteriza con Turquía, también acoge a cientos de miles de sirios que se han visto desplazados de sus hogares en los siete años de conflicto. Según las estimaciones de la ONU, de los alrededor de 2,5 millones de personas que hay en la provincia, que ha visto duplicada su población, en torno a la mitad son desplazados internos.

El temor de las agencias humanitarias es que un eventual asalto por parte de Damasco provoque entre 250.000 y 700.000 nuevos desplazados, entre los que habría, de acuerdo con las estimaciones de UNICEF, unos 350.000 niños, en un contexto en el que la asistencia humanitaria ya tiene problemas para cubrir todas las necesidades.

Por ello, el asesor humanitario de la ONU para Siria, Jan Egeland, ha advertido de que no se puede "permitir que la guerra vaya a Idlib". "Debemos aprender de Ghuta Oriental, de Alepo, de Homs, de Raqqa y de otras partes", ha defendido, recordando que al contrario que en todos estos casos "no habría otro Idlib al que evacuar".

Egeland, al igual que otros altos cargos de Naciones Unidas, ha tratado de desmontar el argumento esgrimido por Damasco y sus aliados de la presencia de grupos terroristas en la zona para sustentar la necesidad de una acción a gran escala. "Sé que hay muchos tipos malos que llevan armas en Idlib", ha afirmado, pero aunque pueda haber "miles de hombres armados considerados terroristas por muchos países y por Naciones Unidas, hay cientos de veces más mujeres y niños y otros civiles en esta zona" así que esa no puede ser "la excusa".

Por ello, ha asegurado estar haciendo todo lo posible para lograr acuerdos y "soluciones diplomáticas" en contactos con Rusia, Irán y Turquía, los tres valedores de las zonas de desescalada en Siria --la última de las cuales es Idlib-- así como con países occidentales y del Golfo que tienen poder de intercesión con algunos grupos armados opositores.

"Tiene que haber conversaciones, tiene que haber acuerdos, esta guerra debe terminar no en un baño de sangre, sino con acuerdos", ha sostenido el asesor de la ONU.

PAPEL DE RUSIA Y TURQUÍA

Así las cosas, la clave de lo que está por llegar en Idlib la tienen, según coinciden todos los expertos, Rusia y Turquía. Al Assad y su Gobierno han dejado clara su intención de recuperar todos los rincones del territorio sirio, pero para ello es fundamental el apoyo aéreo ruso.

Idlib es una de las cuatro zonas de desescalada pactadas por Rusia, Irán y Turquía en Astaná en 2017 con el fin de permitir la calma y la entrega de ayuda humanitaria y la única que el régimen de Al Assad no ha conseguido recuperar, tras retomar Homs, Ghuta Oriental y el suroeste.

Uno de los factores clave por los que Damasco aún no se ha lanzado al asalto es la presencia de tropas turcas. Turquía cuenta con doce puestos militares --cuyo tamaño y efectivos ha ido incrementando-- con el fin de vigilar el cumplimiento del acuerdo de desescalada, por lo que una ofensiva terrestre, apoyada por la aviación rusa desde el aire, podría terminar alcanzando a los intereses turcos, algo que en estos momentos Moscú no desea.

"Rusia, al menos a corto plazo, y Turquía tienen ambas un interés en evitar una operación militar a gran escala (...) sin embargo no está claro hasta qué punto Rusia pude disuadir al presidente Al Assad de iniciar una ofensiva o durante cuánto tiempo convergirán los intereses rusos y turcos", subraya Hadeel al Saidawi, un experto en Siria en Carnergie Middle East Center.

ÉXODO DE CIVILES Y DE MILICIANOS

Uno de los motivos por los que especialmente Ankara, pero también en buena medida Moscú, no quieren que haya una ofensiva en Idlib es que ello generaría un nuevo éxodo de civiles en un momento en que Turquía acoge ya a más de 3,5 millones de refugiados sirios y mantiene cerrada su frontera.

Además, como resalta el investigador del Instituto de Investigación y Estudios sobre el Mundo Árabe y Musulmán Thomas Pierret, dicha operación también generaría el desplazamiento de "combatientes rebeldes, incluidos grupos yihadistas, hacia la frontera turca y las regiones controladas por Ankara dentro de Siria", algo que lógicamente genera preocupación en Ankara.

Idlib acoge a un amplio abanico de grupos armados contrarios a Al Assad, desde el Ejército Libre Sirio (ELS), apoyado en gran medida por Turquía, pasando por grupos "alineados ideológicamente con los Hermanos Musulmanes y otros que abrazan creencias salafistas más extremas, pero igualmente nacionalistas, y por último Al Qaeda" así como en los últimos tiempos algunas "células durmientes de Estado Islámico", explica el experto en Siria Charles Lister, del Middle East Institute, en un artículo en 'War on the rocks'.

La principal preocupación compartida en este sentido es la presencia de Hayat Tahrir al Sham (HTS), surgida de la antigua filial de Al Qaeda en Siria --el Frente al Nusra-- y que se ha distanciado en los últimos tiempos de su matriz, creando incluso un "gobierno de salvación" en la zona gestionado por civiles que busca ofrecer servicios básicos y que "mantiene relaciones políticas activas con al menos dos países de la región", según Lister.

Ankara, que mantiene relaciones con HTS, ha venido tratando de impulsar el ala más pragmática de este grupo con vistas a ponerla bajo su órbita y de forzar su fusión con el floreciente 'Ejército Nacional', que aglutina a varias facciones del Ejército Libre Sirio apoyadas por Ankara y algunos grupos más, añade este experto.

Aunque el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha venido insistiendo en que Idlib es una "línea roja", los expertos coinciden en que lo más probable es que se produzca una ofensiva limitada en la provincia, encaminada esencialmente a acabar con los grupos considerados terroristas.

Omer Ozkizilcik, analista de Middle East Foundation, cree que aunque a Al Assad le gustaría recuperar el control de todo Idlib, "Rusia podría darse por satisfecha si Turquía se coordina con el Frente Nacional de Liberación para deshacerse de HTS y Hurras al Din", la actual filial de Al Qaeda en Siria. "Pero si Rusia duda de que Turquía esté dispuesta a hacerlo, usará la amenaza de los bombardeos aéreos" para forzar la salida de Turquía de Idlib "para que el régimen pueda preparar una ofensiva terrestre completa", vaticina.

No obstante, Alexei Khlebnikov, experto del Consejo de Asuntos Internacionales ruso, considera que "para que ser consistente con sus políticas en Siria, es crucial que Rusia devuelva en último término Idlib al control del Gobierno sirio", aunque al mismo tiempo "Moscú no quiere una confrontación con Turquía".

Por ahora, parece que Ankara y Moscú se inclinan por la cooperación, como lo demuestra el encuentro esta semana de sus ministros de Exteriores, en el que Turquía abogó por "diferenciar entre rebeldes moderados y radicales" e identificar a los "terroristas".