El Watergate, el gran escándalo político de EEUU, 40 años después

Richard Nixon
Foto: REUTERS
Actualizado 08/08/2014 15:42:09 CET

WASHINGTON, 8 Ago. (EUROPA PRESS) -

   El 8 de agosto de 1974, a las 21.01 horas, el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, compareció en televisión para anunciar que se convertiría, al día siguiente, en el primer mandatario norteamericano en abandonar el cargo. Dimitía víctima de un escándalo, el caso Watergate, que aún sigue en el recuerdo colectivo 40 años después.

   La carrera de Nixon refleja el auge y caída de un presidente que pasó de ser modelo de conducta a repudiado por la ciudadanía. Nixon abandonó la Casa Blanca con una popularidad del 24 por ciento --según sondeo de Gallup--, lejos del 67 del que llegó a gozar en algunos momentos.

   La mecha del 'caso Watergate', que le costó su salida del Despacho Oval, se prendió el 17 de junio de 1972, cuando cinco personas fueron detenidas por allanamiento del complejo hotelero Watergate, donde el Partido Demócrata celebraba su convención.

   En septiembre de 1972, los cinco detenidos más las dos personas que les contrataron, vinculados al comité de reelección de Nixon, fueron imputados por delitos como robo, conspiración o intervención en las comunicaciones que terminaron convirtiéndose, en enero de 1973, en una condena.

   En marzo de ese año, uno de los acusados, James McCord, envío una carta al juez responsable del caso en la que denunciaba presiones políticas. La misiva generó una bola de nieve en la que comenzaba a ganar fuerza la hipótesis de que la orden de entrada en Watergate llegaba de las altas esferas.

   La confesión se transformó entonces en una investigación del Senado que se volvió clave tras la localización un sistema de grabaciones en el seno de la Casa Blanca. Nixon apeló a la inmunidad presidencial para evitar entregar las cintas --3.700 horas de grabaciones--, razón por la cual terminó interviniendo el Tribunal Supremo, que de forma unánime forzó al presidente.

   El contenido de las cintas confirmaba que Nixon estaba al menos al tanto de los espionajes telefónicos realizados al Partido Demócrata e incluso que insistía en sobornar a los detenidos por irrumpir en el Watergate. Siete personas, incluido el propio presidente, fueron acusadas formalmente en marzo de 1974 por la intrusión, que llegó al Congreso en forma de 'impeachment' --juicio político--.

   Nixon, acorralado por las acusaciones aprobadas en la Cámara de Representantes y ante la inminencia de un nuevo proceso en el Senado, terminó anunciando su dimisión el 8 de agosto. Un día después, su hasta entonces vicepresidente, Gerald Ford, asumió el mando e indultó a su predecesor, lo que frenó todo procedimiento judicial.

GARGANTA PROFUNDA

   La del Watergate es también la historia del periodismo de investigación. Con la Casa Blanca entrometiéndose en las investigaciones y tratando de tapar sus vergüenzas, fueron los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward, empleados del 'Washington Post', quienes terminaron atando los cabos.

   Bernstein y Woodward utilizaron múltiples fuentes del entorno de la Administración, pero fue la conocida como 'Garganta Profunda' quien les dio los hilos de los que seguir tirando.

   La identidad de este informador fue una incógnita durante 33 años. En 2005, su familia reveló que se trataba de W. Mark Felt, el 'número dos' del FBI durante la Administración de Nixon.

EL WATERGATE HOY

   Aunque han pasado 40 años, el escándalo sigue siendo uno de los grandes temas de la historia contemporánea de Washington, tanto por el calado de las repercusiones políticas como por la cantidad de literatura y teorías generadas 'a posteriori'.

   Un 51 por ciento de los estadounidenses siguen considerando a día de hoy que el Watergate fue un escándalo muy grave, según un sondeo difundido este jueves por CNN y elaborado a partir de 1.012 entrevistas. Se trata del mismo porcentaje que el que registró la cadena en una encuesta realizada hace 14 años.

   Por partidos, un 58 por ciento de los simpatizantes demócratas ven grave el caso, frente al 37 por ciento que lo considera simple política. Los datos caen al 51 y 46 por ciento, respectivamente, si únicamente se tiene en cuenta a los seguidores del Partido Republicano, según el sondeo, que tiene un margen de error de tres puntos.

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