Archivo - Invernadero de sandías. - JUNTA DE ANDALUCÍA - Archivo
ALMERÍA 30 Jul. (EUROPA PRESS) -
El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) de Almería ha reclamado "soluciones compartidas" para afrontar el impacto del calor en la agricultura intensiva, después de que una investigación científica haya revelado que el 64,6 por ciento de los trabajadores migrantes encuestados en los invernaderos de la provincia ha sufrido al menos tres síntomas de enfermedad por calor durante la temporada.
Según ha informado la entidad en una nota, el estudio se ha publicado en la revista científica 'International Journal for Equity in Health' y forma parte del proyecto europeo Catalyse, financiado por la Unión Europea y coordinado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), así como de la tesis doctoral de la investigadora Lena van Selm.
La investigación, que en Almería se ha basado en 127 encuestas y doce entrevistas en profundidad a trabajadores agrícolas, ha contado con la colaboración del SJM-Almería, delegación de Fundación ECCA Social, que ha facilitado el trabajo de campo.
El porcentaje de trabajadores que han sufrido al menos tres síntomas, como dolores de cabeza, mareos, náuseas o calambres, ha sido el más alto de las tres provincias españolas incluidas en el estudio, por encima del 49 por ciento registrado en Huelva y del 30,6 por ciento de Lleida.
Asimismo, el 74,8 por ciento de los trabajadores encuestados en Almería ha manifestado que ha sentido sed extrema, el 65,4 por ciento ha padecido dolor de cabeza y el 38,6 por ciento, mareos durante la temporada de calor. Estos porcentajes también han sido los más elevados de las zonas analizadas.
La investigación apunta que prácticamente la totalidad de las personas encuestadas trabaja en invernaderos cerrados, donde la temperatura interior puede superar a la del exterior hasta en doce grados y rebasar los 50 grados en julio cuando la ventilación y el blanqueo del plástico no son adecuados.
Otro de los hallazgos del estudio es que, pese a la elevada presencia de síntomas, la mayoría de los trabajadores no los percibe como una señal de alarma, sino como una "parte inevitable de su actividad laboral".
"Dentro del invernadero es como un shock. A veces, trabajando, no sabes ni qué haces, solo trabajas, porque hace mucho calor", ha relatado uno de los trabajadores agrícolas entrevistados.
La investigación también ha documentado que la protección frente al calor depende, en la práctica, de cada empleador. "A la mayoría no le importan los trabajadores, solo les importa su producto. Si el calor afecta a los cultivos, hacen cosas para que no les afecte mucho. Pero si los cultivos necesitan mucho calor, no les importamos nosotros, los que trabajamos aquí", ha afirmado otro de los participantes.
EL CALOR MÁS ALLÁ DE LA JORNADA LABORAL
El estudio señala además que la exposición al calor no termina cuando finaliza la jornada laboral. Datos publicados por organizaciones sociales indican que al menos el diez por ciento de la población del campo de Níjar vive en infraviviendas y que más de 7.000 personas residen en asentamientos informales en la provincia sin condiciones adecuadas para protegerse de las altas temperaturas.
La investigadora Lena van Selm ha señalado que los trabajadores migrantes de Almería "suelen vivir y trabajar en condiciones muy precarias" y que, en muchos casos, no denuncian las condiciones laborales peligrosas porque no pueden arriesgarse a perder su empleo.
Además, ha indicado que suelen residir en viviendas sin sistemas de refrigeración adecuados y ha advertido de que, aunque los síntomas notificados han sido "de leves a moderados en la mayoría de los casos", pueden agravarse con el aumento de las temperaturas "a menos que mejoren las condiciones laborales".
Por su parte, Daniel Izuzquiza, del Servicio Jesuita a Migrantes, ha afirmado que la investigación aporta "evidencia y rigor a una realidad que las personas trabajadoras y las entidades que las acompañamos conocemos desde hace años".
A su juicio, las condiciones de trabajo "no pueden entenderse al margen de las condiciones de vida", puesto que ambas "se refuerzan mutuamente y determinan la salud, la dignidad y las oportunidades de miles de personas".
Izuzquiza ha asegurado que afrontar el impacto del calor en la agricultura intensiva "exige buscar soluciones compartidas que hagan el modelo más sostenible, situando siempre a las personas y el respeto de sus derechos en el centro".
El estudio ha incluido también un trabajo de campo equivalente en Huelva y Lleida y sus resultados forman parte de la tesis doctoral de Lena van Selm, vinculada a la Universidad de Barcelona e ISGlobal.