Trabajos de exhumación de víctimas del franquismo en el cementerio de Zufre (Huelva). - FÉLIX BIZARRO
ZUFRE (HUELVA), 20 (EUROPA PRESS)
Los arqueólogos encargados de los trabajos de investigación y exhumación de las fosas comunes del cementerio de Zufre (Huelva), Adriana Martín y Félix Bizarro, han hallado desde 2024 y hasta la presente campaña --la tercera-- restos de 24 víctimas de la Guerra Civil y la Posguerra y esperan encontrar más en futuras excavaciones hasta recuperar un total 46 personas.
Se trata de actuaciones específicas en materia de memoria democrática dentro de los planes de recuperación de Memoria Democrática que lleva a cabo el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, a propuesta de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), mediante el cual se conceden ayudas económicas destinadas a las Entidades Locales para la realización de actuaciones relacionadas con la Memoria Democrática.
Según ha explicado Félix Bizarro a Europa Press, en la primera de las fases de investigación y exhumación, en el año 2024, localizaron "nueve personas repartidas en dos fosas --dos fosas de tres personas, otra fosa con dos y una de una persona--, mientras que en 2025 se realizó una segunda fase en la que "se localizaron otras cuatro fosas con el mismo número de individuos".
Así, con estos datos, "se planteó una tercera fase" para "intervenir la totalidad del patio derecho del patio civil del cementerio, que es donde los testimonios orales siempre han dicho que estaban las fosas", de forma que en esta campaña "se han realizado dos sondeos en dos espacios del patio derecho que quedaban por mirar" y se han localizado "tres fosas, una con tres individuos y otras dos individuales" con los cuerpos "en unas posiciones muy forzadas, incluso presentando ligaduras en las manos, con las manos atadas detrás de la espalda".
"Posteriormente, se hizo un segundo sondeo este año para descartar un espacio, y en este sondeo nos ha salido un enterramiento en ataúd de un individuo masculino adulto, pero con un orificio de entrada y de salida en el cráneo, lo que podría estar indicando que se tratara de una víctima que ha recibido un tratamiento diferente. Este hecho no lo hemos encontrado otras veces en otro cementerios de los pueblos, siempre en los de las capitales, aunque el hecho de que una persona vaya en ataúd no nos permite descartarlo como víctima", ha indicado.
En este punto, el arqueólogo ha señalado que "todas las víctimas son varones adultos" fallecidos de "muerte violenta", así como ha apuntado que en las fosas halladas este año, "en referencia a otros años, se han encontrado menos muestras de violencia que en las campañas anteriores", cuando vieron "más orificios de entrada".
Asimismo, "los individuos llevaban ligaduras, aunque no las conservaban, seguramente porque estaban hechas de material perecedero, de cuerda, de fibra vegetal, y la han perdido", mientras que otro sí las llevaba porque eran de "cable de cobre".
Bizarro ha detallado que en el pueblo de Zufre cuenta "con un número de víctimas que rondarían las cien personas", toda vez que ha apuntado que "de este número, con nombre, apellido y fecha" solo tienen datos de "34 moclinos --gerundio coloquial de los habitantes de Zufre-- que fueron asesinados e inhumados en el cementerio", del que ahora queda por explorar la parte izquierda del patio.
"A este número de 34 víctimas habría que sumar otras 12 personas, de los cuales el estudio histórico no nos ha permitido saber si realmente fueron asesinados en el municipio, en otras localidades, o si consiguieron escapar, porque a día de hoy aparecen como desaparecidos y no hay ningún registro documental de qué sucedió con ellos. Si sumamos estos 34 a estas 12 personas que pudieron ser asesinadas en Zufre, contaríamos con un número de víctimas esperables de 46 personas, que serían un poco menos de la mitad de lo que llevamos exhumado", ha subrayado.
LLAMAMIENTO A LAS FAMILIAS
Los arqueólogos han explicado que actualmente doce familias han dado sus muestras de ADN y están "en proceso de búsqueda de sus familiares". Uno de ellos es el extremeño Antonio Carrascal Lema, que "fue identificado a principios de este año y entregado a su familia el 25 de mayo" y enterrado con su mujer en el cementerio de Encinasola.
"Esto nos permite cerrar el círculo y la familia, por fin, puede descansar", ha explicado Bizarro quien ha lamentado que "cuando empezaron el proyecto existían cuatro hijas de víctimas de Zufre vivas y dos de ellas han fallecido ya sin haber visto recuperada la memoria de sus padres".
Por ello, han hecho un llamamiento a las familias que crean que pueden tener familiares asesinados de Zufre o en el pueblo para "poder hacer el cotejo genético" ya que creen que "sigue habiendo gente del pueblo con familiares desaparecidos pero, por miedo o por desconocimiento no se han puesto en contacto con el Ayuntamiento" o con los propios arqueólogos para reclamar los restos, ya que creen que con el número de restos hallados es posible que sus familiares estén entre ellos".
Finalmente, ha explicado que la fiscal delegada de Derechos Humanos y Memoria Democrática de la Fiscalía Provincial de Huelva, Lourdes Moya, ha visitado los trabajos y se ha interesado por el caso de Antonio Carrascal, el único reconocido hasta ahora, para "generar un proceso judicial y reconocer su asesinato", así como "hará el mismo proceso con las víctimas que se identifiquen en el futuro".
Antonio Carrascal Lema tenía 32 años cuando fue asesinado el 29 de septiembre de 1936. Natural de Higuera la Real (Badajoz), había nacido el 19 de enero de 1904, estaba casado con Dolores y tenía una hija, Josefa, cuya memoria estuvo especialmente presente durante el acto.
Bracero de profesión, desde 1933 había sido presidente de la Oficina de Colocación Obrera de Zufre y concejal en la corporación provisional del ayuntamiento. El 29 de septiembre de 1936 fue fusilado en el cementerio de Zufre junto a otras cuatro personas: Calixto Garzón Movilla, Luis Sánchez Mallofret, Martín Vázquez Labrador y Lucas Delgado Maya.
Sus restos fueron localizados en el interior de la fosa número 4, junto a otros dos individuos varones. La intervención arqueológica permitió documentar evidencias directas de la violencia sufrida, entre ellas el cable de hilo de cobre que aún sujetaba sus muñecas tras la espalda y un proyectil alojado en el cráneo.