El 78% de las familias monoparentales en Andalucía se encuentra en riesgo de exclusión o pobreza, según un estudio

Publicado 16/10/2018 18:45:11CET

SEVILLA, 16 Oct. (EUROPA PRESS) -

Andalucía cuenta con una tasa de riesgo de pobrezas y exclusión social del 41,7 por ciento y la cifra se elevaría al 78 por ciento en el caso de los hogares compuestos por un adulto y uno o más hijos dependientes, según el 7º informe #MonoMarentalidad y Empleo de la Fundación Adecco.

A nivel nacional, los últimos datos del informe Arope (at risk of poverty and exclusión) ponen de manifiesto un alarmante riesgo de pobreza en el caso de las familias monoparentales, del 53,3 por ciento a nivel nacional. Este porcentaje constituye casi el doble que el relativo al resto de hogares (27,9 por ciento), y sitúa a los hogares monoparentales a la cabeza en riesgo de pobreza y exclusión.

Con este informe, la Fundación Adecco ha querido profundizar en la situación y retos de estas familias monoparentales, para lo que se ha realizado una encuesta confidencial a 500 mujeres con responsabilidades familiares no compartidas. Su perfil sociodemográfico ha resultado ser el de una mujer entre 36 y 45 años, divorciada, con un hijo y estudios secundarios.

Cabe destacar que los hogares monoparentales en España ya representan el 10,3 por ciento del total y rozan los dos millones: en 2017 se contabilizaban 1.842.800 familias compuestas por un adulto y uno o más hijos dependientes, el 83 por ciento de ellas encabezadas por una mujer.

De esta forma, la Fundación Adecco destaca que la composición de los hogares españoles ha experimentado importantes cambios, haciéndose cada vez más poliédrica. Así, y durante las últimas décadas se ha dado paso a nuevos modelos familiares, diferentes al tradicional, entre los que destacan las familias monoparentales. Actualmente, estas familias ya representan el 10,3 por ciento de los hogares en España y el 83,3 por ciento están encabezados por una mujer.

En este sentido, cabe destacar que las personas se consideran en riesgo de pobreza y exclusión, según Arope, son aquellas que viven en un hogar con una renta inferior al umbral de la pobreza (el 60% de la mediana de la renta nacional, fijada en 684 euros mensuales).

Asimismo, están en riesgo de pobreza aquellas familias que están en privación material severa, no pudiendo afrontar, al menos, cuatro de los siguientes gastos: vivienda, calefacción, vacaciones, alimentación básica, gastos imprevistos, teléfono, televisor en color, lavadora o automóvil.

También se encuentran en esta situación las familias que viven en un hogar con baja intensidad de trabajo (inferior a 0,2), definida como la relación entre el número de meses trabajados por todos los miembros de la unidad familiar y el número total de meses que podrían trabajar, como máximo, todas las personas en edad laboral de dicho hogar.

Según el director general de la Fundación Adecco, Francisco Mesonero, aunque el desempleo sólo se menciona en el último de los tres indicadores, es el desencadenante de todas las situaciones de pobreza y exclusión social. Así, detrás de este 53 por ciento de riesgo de pobreza o exclusión social, "predominan los desempleados de larga duración y aquellos que trabajan en situación irregular (sin contrato), en la economía sumergida".

DESEMPLEO ESTRUCTURAL Y ECONOMÍA SUMERGIDA

Los datos de la presente encuesta avalan la realidad expuesta en el apartado anterior. Un 43 por ciento de las mujeres con responsabilidades familiares no compartidas no tiene trabajo, mientras que un 17 por ciento afirma tener algún tipo de ocupación, pero sin contrato: el once por ciento de estas últimas figura en los registros de desempleo, mientras que el seis por ciento restante no ha acudido a los mismos por desmoralización o situación de irregularidad.

Asimismo, siete de cada diez lleva más de un año sin empleo: un 48 por ciento supera los 24 meses y un 22 por ciento lleva entre 1 y 2 años desempleada.

"Este desempleo de larga duración puede derivar en la economía sumergida: la ausencia prolongada de ingresos conduce a muchas mujeres a desempeñar trabajos no regulados, concentrados principalmente en sectores como la hostelería, la atención a personas dependientes y/o el servicio doméstico", según Mesonero.

"Una realidad que tiene nefastas consecuencias en la economía global y que, además, genera una preocupante desprotección del trabajador, conduciendo directamente a la precariedad y a la exclusión", destaca el director general de la Fundación Adecco.

IMPULSO DEFINITIVO A LA CONCILIACIÓN

Frenar esta precariedad, en su opinión, "exige dar un impulso definitivo a las políticas de flexibilidad y conciliación, a través de iniciativas como la prolongación de las bajas de maternidad/paternidad de las personas al frente de una familia monoparental, con retribución salarial completa, o el refuerzo de medidas como la racionalización de entradas-salidas y la recuperación de horas en sectores como el servicios o la hostelería, que tradicionalmente emplean a más mujeres".

Además, el directivo añade que "resulta crucial impulsar un cambio de mentalidad que erradique tics culturales que se manifiestan en forma de prejuicios: se tiende a pensar que, por el cuidado de sus hijos, el compromiso de las madres solas será menor, causando rotación y absentismo. Sin embargo, la tendencia es justo la contraria, pues, precisamente por sus hijos, suelen aprovechar al máximo la oportunidad laboral, demostrando una alta fidelidad al proyecto al que se vinculan".

Por último, Mesonero apostilla que "estos prejuicios coexisten, en ocasiones, con una inadecuación de las competencias profesionales con las demandas del mercado, por lo que es esencial apostar por políticas activas de empleo que acerquen sus competencias a las nuevas exigencias del mercado laboral, garantizando su acceso al empleo de forma sostenible".