Publicado 07/07/2021 17:25CET

Chaignaud y Laisné llevan su espectáculo de danza, ópera y ballet al Teatro Romano de Santiponce (Sevilla)

Archivo - Teatro romano de Itálica
Archivo - Teatro romano de Itálica - EUROPA PRESS - Archivo

SANTIPONCE (SEVILLA), 7 Jul. (EUROPA PRESS) -

Melodías nacionales de los siglos XVI y XVII, que desde entonces han sido continuamente interpretadas, modificadas y transformadas. Este es el eje central de la propuesta dancística 'Romances inciertos, un autre Orlando', con la que los franceses François Chaignaud y Nino Laisné llegan hasta el Festival Internacional de Danza de Itálica, con funciones programadas para los días 8 y 9 de julio en el Teatro Romano de Itálica (Santiponce).

Las entradas para la cita, que comenzará ambos días a las 22,30 horas, están disponibles en la web del Festival ('www.festivalitalica.es'), y podrán también adquirirse en la taquilla del espacio, los días de función, hasta fin de localidades, informa la Diputación en una nota de prensa.

Se trata de una de las dos citas internacionales que el Festival de Danza
de Itálica ha preparado para 2021, pese a las dificultades que ha impuesto la
pandemia. Chaignaud, diplomado en 2003 por el Conservatorio Nacional Superior de Danza de París, ha colaborado con reconocidos coreógrafos a lo largo de su carrera. Destaca por la creación de piezas y performances en las que se articulan danzas y canciones en los lugares más diversos, como punto de encuentro entre diferentes inspiraciones.

En el marco de La Bâtie-Festival de Ginebra de 2017, Chaignaud realizó, en colaboración con el artista Nino Laisné, el montaje que ahora nos presentan en el Teatro Romano de Itálica, que fue estrenado en la 72ª edición del Festival de Aviñón.

Con Nino Laisné, diplomado en 2009 por la Escuela Superior de Bellas Artes
de Burdeos, estamos ante todo un estudioso de las músicas tradicionales
suramericanas, junto al guitarrista Miguel Garau. Sus proyectos musicales, para montajes e incluso películas, le han llevado a trabajar en numerosos países como Portugal, Alemania, Suiza, Egipto, China o Argentina. Es invitado con regularidad a desarrollar nuevas obras durante residencias de artistas, como la Casa de Velázquez, la Académie de France en Madrid, o el Park in Progress en Chipre.

Además, Nino Laisné también colabora con numerosos artistas, como el coreógrafo y bailaor Israel Galván, o el marionetista Renaud Herbin.
Con 'Romances Inciertos, un autre Orlando' "nos encontramos, a la vez, con un
concierto y un recital, articulado en tres actos, como reminiscencia de la
antigua ópera-ballet". En el espectáculo, aparecen sucesivamente figuras como la de la Doncella Guerrera, que guía el mismo, dentro de un contexto medieval, tras el rastro de una joven que se alista en el ejército bajo la apariencia de un hombre, presentándose como San Miguel del poema de Federico García Lorca, un arcángel voluptuoso y objeto de devoción, "tan engalanado como doliente".

Finalmente, nos encontramos con la Tarara, una gitana andaluza que, debido a un desafortunado amor, oscila entre el misticismo y la seducción, escondiendo una secreta androginia. En términos fluviales, 'Romances inciertos' se presenta "como un estuario o un delta, como una zona difícil de situar en el mapa, pues se encuentra en la confluencia entre las músicas españolas de tradición a la vez oral y erudita, inspiradas en danzas, poemas y pequeñas epopeyas en las que las heroínas juegan roles que a priori no les corresponden".

"Es así como ciertas melodías incluidas en el montaje proceden del arte del romance, del canto sefardí y de la jota, fueron introducidas en la música
barroca, el flamenco andaluz o incluso los cabarets travestis de la Movida". "Los versos de las propias coplas se han multiplicado y, a la sombra de las versiones más conocidas, los archivos conservan el rastro de estrofas lujuriosas, que reescriben el destino marginal de sus personajes".

CUATRO SOLISTAS SUMAN SUS TRAYECTORIAS

En 'Romances inciertos', los cuatro solistas suman sus trayectorias,
para adaptar melodías escritas originalmente para otros instrumentos, a
través de conocidos timbres a priori incompatibles: el bandoneón se reinventa
como clavecín, la viola de gamba resuena como las dolorosas zambras, las
percusiones irrumpen en la música sacra y aparecen en la tiorba reminiscencias barrocas de marchas sevillanas.

La escena de este montaje dancístico y operístico, construye un paisaje
alrededor de los cinco intérpretes, a través del canto y la danza de François
Chaignaud, la interpretación del bandoneón por Jean-Baptiste Henry, la viola
da gamba de Robin Pharo, la tiorba y guitarra barroca de Daniel Zapico, y las
percusiones históricas y tradicionales de Pere Olivé.

Gracias al trabajo de todos ellos, la danza irrumpe y altera, y se hermana con la música y la emula, mostrando una brecha entre las danzas "tradicionales" y sus versiones académicas. Nos encontramos aquí ante un "delta impuro", sobre el que parece la silueta del 'Orlando' de Virginia Woolf, "que no se nos muestra como un joven lord de la Corte inglesa, sino que aquí consagra su vida a la escritura de un único poema influenciado por las épocas que atraviesa, haciéndose eco de las infinitas mutaciones de las artes y las sociedades que transita".

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