BARCELONA, 12 Abr. (EUROPA PRESS) -
El Zoo de Barcelona no cree que los animales puedan contagiarse de coronavirus, pese a que un tigre del zoológico de Nueva York (Estados Unidos) haya dado positivo por Covid-19, aunque asegura que deben estar atentos y mantener las medidas de prevención: "Estamos tranquilos".
En declaraciones a Europa Press, el director del Zoo de Barcelona, Sito Alarcón, ha asegurado que el caso del tigre de Nueva York es aislado, y ha defendido "no sacar las cosas de su justa envergadura".
No tienen constancia de que haya algún caso positivo en el parque, y Alarcón no sufre por que un animal se contagie de Covid-19: "Sufro por que un trabajador coja el virus. Es muy raro que el virus pase de los hombres a los animales".
Ha insistido en que su prioridad es la salud de los trabajadores aplicando las medidas de seguridad, y ha remarcado que los cuidadores ya llevaban mascarillas anteriormente, sobre todo con los primates y los felinos, que en alguna ocasión sí se habían contagiado de algún virus por un empleado al tener similitud genética con los humanos.
TRABAJADORES SEPARADOS
Desde el inicio del confinamiento y para prevenir contagios, se separó a los veterinarios, conservadores y cuidadores en tres grupos, que se alternan cada cinco días para no coincidir; y además, mantienen otro grupo más pequeño en sus casas por si hay bajas, aunque de momento no ha sido así.
Por otro lado, los departamentos de educación, investigación y conservación continúan trabajando telemáticamente en sus proyectos, mientras que los equipos de limpieza han incrementado sus servicios, y "la manera de trabajar es más intensa y cuidada" siguiendo las medidas de higiene y protección.
"El Zoo no es solo abrir, llevar la comida y limpiar; también se tiene que interactuar con los animales y realizar las actividades de manejo. Se les hace una serie de enriquecimiento para que no pierdan sus características etológicas ni su capacidad natural", ha explicado Alarcón, que asegura que no se han modificado las rutinas diarias.
También ha dicho que los animales no han modificado su comportamiento por no ver al público, y que continúan tratando con sus cuidadores habituales, que intentan que el manejo con los animales sea lo más similar posible al de antes de la crisis sanitaria: "Depende de cada animal. Hoy verías una situación y mañana verías otra. No tiene nada que ver con el confinamiento".
La situación tampoco ha evitado la reproducción de los animales y, durante el confinamiento, ha nacido un órix (una cría de gacela), perteneciente a una especie en peligro de extinción, además de buitres y también un ibis eremita, un hecho que Alarcón vincula al inicio de la primavera, y no ha habido ninguna muerte, lo que considera "un indicador de salud del Zoo".
EN LA CIUDAD: JABALÍES, PALOMAS Y GATOS
El confinamiento y la ausencia de personas en las calles de Barcelona también ha provocado que algunos animales en libertad cambien sus hábitos, como los jabalíes, a los que se ha visto por la avenida Diagonal y en las inmediaciones de la calle Balmes buscando comida entre la basura.
Estos animales están acostumbrados a que las personas les den comida en la zona de la montaña de Collserola, y ahora, ante la ausencia de personas, se acercan al centro de la ciudad en busca de alimentos, han explicado fuentes municipales a Europa Press.
Además, el 26 de marzo aparecieron decenas de palomas muertas en la calle en el barrio del Eixample, un hecho que está investigando la Guardia Urbana (y que también ha sucedido en la ciudad barcelonesa de Badalona, donde se encontraron 200 palomas muertas en los barrios de Sant Roc y Pep Ventura).
Según el Ayuntamiento, son hechos aislados "que no tienen nada que ver con coronavirus", y añade que las palomas no se están muriendo de hambre porque son una especie que no requiere intervención humana para alimentarse, aunque el consistorio continúa manteniendo el tratamiento de pienso con nicarbazina en los 51 puntos repartidos por toda la ciudad para controlar la población de palomas.
Respecto a las colonias de gatos, los voluntarios de las entidades acreditadas por el Ayuntamiento garantizan la alimentación de estos animales que viven en entornos urbanos "como una cuestión de salud pública", y recomiendan y priorizan los horarios de poca afluencia y espacian al máximo los días de alimentación.