Confirman que los genes de padre y madre compiten en el embrión en desarrollo e influyen en el tamaño del bebe

Europa Press Ciencia
Actualizado: miércoles, 26 junio 2002 22:20

MADRID, 26 Jun. (EUROPA PRESS) -

Dos estudios independientes, publicados esta semana en la última

edición de la revista Nature, podrían explicar por qué algunos bebés

nacen pequeños y confirmar, además, las teorías evolutivas sobre la

competición entre los genes de los varones y las hembras.

Los bebés con poco peso al nacer tienen más tendencia a morir

recién nacidos y sus riesgos de sufrir problemas en su desarrollo

físico o mental son mayores. El bajo peso al nacer se asocia,

también, con un aumento en el riesgo de afección coronaria, diabetes

del tipo 2 y problemas respiratorios en su vida posterior.

Los autores de uno de los estudios, perteneciente s la Universidad

de Cambridge (Reino Unido) informan que la escasez de una molécula

asociada con el desarrollo de la placenta (llamada PAPP-A), producida

durante el primer trimestre del embarazo, puede tener relación con el

bajo peso. Esto indica que el bajo peso al nacer puede haber sido ya

determinado en el momento en que suelen empezar los chequeos

rutinarios, es decir a las doce semanas.

El crecimiento fetal se puede controlar mediante un fenómeno

llamado "impresión genética", que controla la expresión de los genes

de un feto de forma diferente, dependiendo si el gen procede del

padre o de la madre. El padre contribuye a un gen que codifica el

factor de crecimiento del tipo de la insulina (IGF). Más IGF supone

una mayor placenta que abastece al feto de más nutrientes.

El resultado es un bebé crecido y sano que aumenta la posibilidad

de que esta característica pase a los genes de la siguiente

generación del varón. En interés de la madre, esta expresión genética

se contrarresta por sus propios genes, que controlan el tamaño de su

bebé, evitando que invierta toda su energía en un solo nacimiento.

Esto permite a la madre reproducirse más de una vez de forma que

muchos de sus genes puedan sobrevivir en subsiguientes generaciones.

Un segundo estudio, también publicado en la misma edición de

Nature, dirigido por especialistas del Brabraham Institute de

Cambridge, ha testado directamente esta "teoría del conflicto" al

extraer en concreto el gen IGF de la placenta de ratones. Esto ha

permitido que la contribución de los genes masculinos, su impresión

genética, pueda ser analizada en profundidad.

Según ellos, los ratones mutantes tenían una placenta más pequeña

y una menor capacidad de transportar nutrientes, lo que ha dado lugar

a fetos más pequeños de lo normal. Dado que el gen IGF procede del

macho, este trabajo demuestra la primera evidencia de la teoría del

conflicto en la placenta, lugar de intercambio entre la madre y el

hijo.

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