Amparo González, autora del libro sobre el caso Maeso - AMPARO GONZÁLEZ
VALÈNCIA 16 Mar. (EUROPA PRESS) -
Amparo González fundó y presidió la Asociación Española de Hepatitis C, surgida a raíz del contagio masivo de este virus a 275 pacientes que fueron intervenidos entre 1988 y 1998 en cuatro hospitales de València por un mismo anestesista: Juan Maeso, condenado a cumplir 1.933 años de prisión. De esos días escribió, primero, un diario que, más tarde, en 2011 se convirtió en un libro que dejó años silenciado en un cajón hasta que ahora ha decidido sacarlo a la luz como "una forma de cerrar una etapa", de "memoria, justicia y sanación" y también de "soltar una carga".
Y por "sentir la responsabilidad de dejar mi testimonio por los afectados, por mi padre y por mis hijas", puntualiza en una entrevista a Europa Press en la que asegura que dejó su obra guardada "por miedo a posibles represalias" y por la "presión" de su entorno "para no reabrir heridas".
'Caso Maeso: la sentencia sanitaria del siglo', editado por Ediciones Algorfa y escrito con la colaboración de Dugui Char, relata las experiencia y reflexiones de Amparo González, desde el peor momento, cuando recibió en 1998 la carta para ir a hacerse los marcadores de la hepatitis C al haber sido intervenida por el anestesista bajo sospecha, y el mejor, cuando lloró de felicidad con la sentencia.
La obra relata en primera persona ese camino pero también el de todas las víctimas, un trabajo que Amparo González espera que pueda servir de herramienta para aquellos que acabar de recibir su diagnóstico y para quienes inician un proceso judicial. De hecho, tiene palabras de ánimo para los afectados por la dana del 29 de octubre de 2024: "Si alguien tiene fuerza sale adelante".
La autora recoge en sus páginas conversaciones con políticos, sanitarios, medios de comunicación y las más íntimas con sus tres hijas, que han colaborado en el diseño de la portada, del primer capítulo y de la imagen de la solapa de un libro prologado por el abogado Manolo Mata, que defendió a un grupo de afectados del caso Maeso y que subraya en ese prólogo que esta causa "nunca fue un asunto más" y que la obra relata su "intrahistoria", esa que no aparece "en las crónicas oficiales".
González cuenta cómo al principio bañaba a sus hijas con guantes o cómo una de las personas afectadas había dejado su negocio porque sentía que se moría, siguió todo el juicio y al finalizar acabó quitándose la vida. "Él (Maeso) se reía de que eran víctimas; ahora ha salido de la prisión --en 2023, tras casi 16 años en la cárcel-- porque está enfermo; para mí, con el hecho de que esté sufriendo lo que están sufriendo los demás, ya ha cumplido la condena", considera.
La que fuera presidenta de la entidad --que ya no existe-- relata el camino de los afectados "desde el minuto uno", cómo lograron que se juzgara a Maeso y crear jurisprudencia así como impulsar procedimientos en el ámbito sanitario que ahora están fuera de toda duda, como el uso de material desechable, en un proceso que considera que marcó un antes y un después en la percepción de la seguridad sanitaria en España.
UNA VIDA MARCADA
González explica cómo esa época le marcó muchísimo "Marcó la vida de mis hijas y mi familia. No entenderé nunca cómo la primavera de 1998 me marcó tanto con una carta, una intervención y el nombre de Juan Maeso; es una experiencia muy dura que me transformó", rememora.
Sin embargo, es una de las personas "del 0,0001% que solo tiene anticuerpos", por lo que quedó fuera de la causa y fue algo que hizo que se le llegara a cuestionar como afectada. El juicio llegó justo cuando acaba de sufrir un accidente en el que se rompió el tobillo, la tibia y el peroné, pero lo siguió en silla de ruedas para estar junto a los afectados cuando se derrumbaban contando su caso frente a un Maeso que "se reía de ellos".
"Les prometí que les iba acompañar y lo hice. Dejé mi casa, mis hijas para acompañarles; era un drama tremendo pero me puse del lado de los enfermos", dice, para admitir que lloró de alegría con la condena con la que "se había hecho justicia", también porque valió la pena ante "los que habían intentando quitarme de enmedio".
"Yo crecí personalmente con la asociación y con todo lo que hice", admite González sobre la entidad y sobre unos años en los que trabajó duro para dar a conocer la enfermedad, participar en entidades incluso de ámbito europeo y en congresos internacionales sobre una Hepatitis C a cuyos afectados se veía "como un estigma tremendo".
"Ahora la gente sabe que puedes hacer una vida prácticamente normal, antes se pensaba que eras una mala persona que llevó una mala vida cuando nadie pensaba qe podían ser afectados por una intervención", subraya y señala que las víctimas de Maeso entraron a quirófano "para un mal menor y salieron con una bomba de relojería".
El caso Maeso supuso un "antes y un después" para González porque su labor "no fue solo un juicio sino que los afectados tuvieran calidad de vida", con gratuidad en la medicación y el pago de las indemnizaciones que les correspondieron. "Cobraron todos; yo nada, a pesar de necesitarlo, y ese es el mayor orgullo: has hecho justicia y no te has llevado ni un duro; lo he hecho porque he querido", recuerda sobre unos años en los que su casa, por ejemplo, estaba llena de recortes de prensa.