VALENCIA 4 Dic. (EUROPA PRESS) -
El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) de Valencia presenta este miércoles en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo (MAN), en la República Dominicana, una exposición de 61 obras del artista valenciano Ignacio Pinazo, que permanecerá en exhibición hasta el 9 de febrero del próximo año, según ha informado el centro en un comunicado.
Comisariada por el catedrático de Arte de la Universitat de València (UV), Javier Pérez Rojas, esta muestra, que se presentó el pasado mes de junio en el Palacio de Minería de México, reúne 51 óleos y 10 dibujos pertenecientes a la colección del IVAM y a la Casa Museo Pinazo, que ilustran la evolución de uno de los artistas "decisivos" del periodo de transición entre el siglo XIX y el XX.
En concreto, la muestra subraya el particular salto en solitario del artista hacia un conjunto de investigaciones plásticas que anticiparon muchos de los presupuestos de la pintura moderna española.
El IVAM recuerda que posee "la colección pública de obras más importante de Pinazo, considerado el maestro más representativo" de la primera modernidad plástica valenciana". Los fondos del museo reúnen 100 pinturas y casi 400 dibujos del artista y gran parte de este conjunto es donación de la familia Pinazo.
Dada la importancia de la colección, y con el objetivo de contribuir al desarrollo, la difusión y la investigación integrada de la obra del pintor, el IVAM y la UV crearon la Cátedra Ignacio Pinazo, mediante la cual se difunden los proyectos de investigación sobre el artista y sus resultados a través de exposiciones, publicaciones, conferencias y congresos.
El museo mantiene una colaboración de intercambio artístico con el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo, fruto del cual se ha presentado en el MAN las exposiciones 'El equipo crónica en la colección del IVAM', 'El Pop Art en la colección del IVAM' y 'Vanguardias rusas en la colección del IVAM'. Por otra parte, el IVAM exhibió una muestra del artista dominicano Jorge Pineda, con "gran éxito" de crítica y público.
"DE LOS MEJORES PINTORES EUROPEOS DEL XIX"
En el último tercio del siglo XIX se dibujó uno de los capítulos "más brillantes" en la historia de la pintura valenciana, una de las primeras figuras que estableció un nuevo sesgo a la actividad artística e inició el camino hacia la modernidad.
Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916) es "uno de los mejores pintores europeos de su época", pese a que la atención historiográfica y la difusión, que hasta hace poco se le había prestado, no se correspondían con la "magnitud" de su obra.
Su pintura precisa en muchos casos de cierta educación, pero atrapa al espectador que sabe perseverar y suscita interés a cada nueva mirada. Por otro lado, Pinazo fue un hombre de talante introvertido y meditabundo, poco apropiado para la aventura y el viaje, de modo que su retiro en Godella le privó de la proyección internacional que Sorolla conquistó muy tempranamente.
PINTURA "ABOCETADA"
En ocasiones se han trazado dos perfiles artísticos de Pinazo: uno lo describe como autor de pintura realista, más académico y casi complaciente con las exigencias de una clientela, anclada en unos gustos convencionales, que podría sentirse identificada con sus pinturas de historia y retratos; el otro lo presenta como un artista moderno y vanguardista, autor de una pintura más abocetada, basada en la primacía de la mancha libre y antiacadémica, que es la que nos desvela al verdadero artista y lo aproxima al gusto contemporáneo.
Sin embargo, ambas proceden de un mismo tronco y se desarrollan en paralelo, aunque posteriormente el artista se sentiría más identificado con la práctica de la pintura abocetada, en la que triunfan definitivamente sus inquietudes en torno al lenguaje pictórico.
De este modo, esta última tendencia es la dominante en los fondos de la colección del IVAM, en la que Pinazo casi siempre parte de un asunto, de una experiencia visual, de un hecho vivido o cotidiano, pero consigue trascender la anécdota hasta situarse en los límites de una pintura pura, e incluso situarse al borde de la abstracción, pero sin romper la relación con el mundo de lo concreto.