VALÈNCIA, 3 Feb. (EUROPA PRESS) -
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Un jurado popular ha declarado culpable de asesinato al único acusado del crimen del canónigo de la Catedral de València en 2024. Y lo hizo junto a otra persona. Asimismo, se le considera culpable del delito de robo con violencia de las tarjetas de víctimas y del delito de estafa continuada.
En concreto, siete miembros del jurado han considerado al acusado, Miguel, culpable, frente a otros dos que no lo han determinado así, de la muerte del canónigo de común acuerdo con otra persona, que fue el autor material del crimen y que no ha sido identificada, en ejecución de "un plan predeterminado" para terminar con la vida de Alfonso y apropiarse de sus objetos de valor.
Así, el jurado, que llevaba reunido desde ayer, ha considerado probada que la muerte se produjo por asfixia y que no fue accidental y lo sitúan en el lugar y a la hora en la que se cometió el crimen por el posicionamiento de los móviles de la víctima y del acusado. Asimismo, aprecian alevosía ya que la muerte se produjo "a sabiendas" de que la víctima "no podía prever la agresión" y que "por su edad y su condición física" no tenía posibilidades de defenderse.
Además, por unanimidad, señala que el acusado, junto a la persona que le dio muerte, se apoderaron de una tarjeta de Cajamar y otra de El Cortes Inglés de la víctima para "obtener beneficios económicos". En concreto, el ya condenado utilizó la tarjeta bancaria para realizar diversas compras y gastos por valor de 2.327,16 euros, mientras con la tarjeta de El Corte Inglés realizó compras por valor de 125,20 y 260 euros. En el momento de la detención se le ocuparon 875 euros procedentes de las extracciones realizadas.
El hombre, que fue juzgado durante toda la pasada semana en la Audiencia de Valencia, se declaró "inocente, en realidad" de la muerte de Alfonso, de 79 años, y de hecho afirmó que ni siquiera se acercó al domicilio de la víctima, aunque sí que admitió haber utilizado las tarjetas de la víctima que, según aseguró, le dio esa misma madrugada un conocido suyo, Manuel, hombre al que la policía no ha identificado.
"Está mal haber cogido las tarjetas, pero yo no sabía que estaba muerto", se justificó durante el juicio. Del mismo, negó haber tenido relaciones con la víctima, que se subía chicos vulnerables a su piso para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, según declararon diversos testigos.
La Policía no encontró en la casa donde se cometió el crimen huellas ni ADN de Miguel, pero sí perfiles genéticos en un cepillo de dientes y en la almohada de dos personas que no han podido ser identificadas, además de siete huellas que tampoco pudieron ser identificadas.
PETICIÓN DE 28 AÑOS DE CÁRCEL
Por contra, Fiscalía siempre ha mantenido que aunque no se puede afirmar que el acusado fuera quien "le apretara el cuello y le tapara la boca" para asfixiarle en este crimen "brutal", el procesado sí que tuvo "una participación directa, eficaz y decisiva en los hechos". Tras el fallo, ha mantenido su petición inicial 28 años de cárcel, 20 años por el delito de asesinato, cinco por el de robo con violencia y tres por el de estafa continuada.
Por su parte, la defensa, que inicialmente pedía un año al reconocer solo el delito de estafa, ha solicitado que se le aplique la pena más moderada dentro del rango que establece la ley. El jurado ha pedido que a Miguel, que lleva en prisión provisional desde el crimen, no se le apliquen beneficios penitenciarios ni que el Gobierno le conceda un indulto.