Actualizado 16/01/2010 19:48 CET

Carlos Sainz, aliado con el éxito pese a la alargada sombra de su mal fario




   BUENOS AIRES, 17 Ene. (EUROPA PRESS) -

   El español Carlos Sainz (Volkswagen) se convirtió con su triunfo en el Rally Dakar Argentina-Chile 2010 en el primer piloto español en conquistar, en la categoría de coches, este mítica prueba, un nuevo título que añade el madrileño a su extraordinario palmarés y que contribuye a enterrar definitivamente el mal fario que se le ha atribuido a lo largo de toda su carrera.

   Lo cierto es que Sainz, líder desde la quinta jornada, ha demostrado ser en este cuarto asalto al Dakar el justo vencedor y el gran dominador de la cita, resarciéndose así de la decepción del año pasado, en la primera ocasión que la mítica prueba cambió el histórico trazado africano por Sudamérica, y donde el madrileño acarició el título.

   Sin embargo, en esa ocasión, la suerte le fue esquiva. Líder destacado a sólo tres etapas para concluir la prueba, un barranco arruinaba sus aspiraciones y alargaba la sombra del gafe que siempre le ha perseguido. Una errónea indicación del libro de ruta tuvo la culpa, y tanto él como su copiloto, Michel Perin, cayeron por un desnivel de 4 metros, yéndose junto a ellos sus grandes opciones de victoria.

   Antes, el madrileño debutaba en la prueba africana en 2006, saldándose su participación con un undécimo puesto tras quedarse atrapado en una duna del desierto mauritano. Un año más tarde tuvo mejores sensaciones y terminó en novena posición, aún lejos del cajón, pero con más regularidad, mientras que en 2008 su progresión se vio cortada por la suspensión de la prueba.

   Pero en esta ocasión, nada falló y al volante de su Race Tuareg 2 y con su nuevo copiloto, el español Lucas Cruz, Sainz, a sus 48 años, ha conseguido uno de los triunfos más importantes de su carrera, conquistando un hito que le faltaba al deporte español e inscribiendo su nombre en la larga lista de ilustres con los que cuenta la prueba.

DOS DÉCADAS INSTALADO EN LA ÉLITE DE LOS RALLYS

   Antes de que se embarcara en la aventura del Dakar, Sainz ya estaba instalado en la élite del motor gracias a sus dos títulos en el Mundial de Rallys (1990 y 1992), a sus cuatro subcampeonatos y a sus cinco terceros puestos, además de poseer durante mucho tiempo la plusmarca de triunfos en el campeonato, con 26 victorias, registro ya superado por el francés Sebastien loeb.

   Desde sus inicios en 1980 con un Renault 5 y de su debut en el Mundial en 1987, hasta este sábado, el piloto español ha vivido siempre aliado con el éxito. Y es que, aunque siempre se le haya atribuido el apelativo de 'gafe', sus números (193 rallys disputados, 148 acabados, 26 victorias, 36 segundos puestos, 33 terceros) hablan más de triunfos que de fracasos (34 averías, 11 accidentes).

   Sin embargo, el abandono en el RAC de 1998 a tan sólo 500 metros de la meta, con su copiloto Luis Moya aporreando impotente el Toyota Corolla WRC y gritando aquella frase que siempre irá unida a su historia ("Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo") han agrandado una aureola de mala suerte que él siempre ha negado.

   Aquel fue, quizás, el episodio más amargo en su largo matrimonio con los rallys. El otro lo fue su separación profesional a finales de 2002 con Luis Moya, quien se sintió maltratado económicamente por Carlos y provocó el relevo a Marc Martí.

   En el otro lado, están los buenos momentos. Con un Seat Panda forjó su carácter ganador allá por 1981, con un triunfó en el primer Campeonato Nacional y su segundo puesto en la Copa Renault Iniciación. Seis años más tarde, debutó en el Mundial en el Rally de Portugal. Desde entonces, lucharía casi siempre por subir al 'cajón' en el campeonato con los Lancia, Toyota, Renault, Peugeot o Citröen.

   Su mejor etapa la vivió a partir de 1989 cuando fichó por el equipo Toyota. En su primera temporada fue segundo en el RAC de Inglaterra, tercero en el 1.000 Lagos de Finlandia, y octavo en la general del Mundial. En 1990 fue elegido primer piloto oficial y, con el mejor material, se impuso en cuatro pruebas (Acrópolis, Nueva Zelanda, 1.000 Lagos y RAC) para proclamarse campeón del mundo.

   Un bienio más tarde sumaría el segundo título al lado de su inseparable Luis Moya, con el que venció en el Safari, Nueva Zelanda, España y RAC, en un año de ensueño. Su paso por Lancia fue bastante aciago antes de recuperar su nivel con Subaru, donde se volvió a colgar el cartel de 'número dos' del mundo en 1994 y 1995.

   Con el Ford Escort Cosworth encadena otros tres terceros en el Mundial en los años previos a su regreso, en 1998, a Toyota, con el que gana el Mundial de marcas hasta que en 2000 el gigante asiático abandona el patrocinio.

   Su trayectoria se vio recompensada en 2001, siendo distinguido con la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo. Un broche a una carrera en el Mundial, donde paseó la bandera española por las rutas de todo el mundo, a la que puso fin el 21 de octubre de 2004, momento en el que anuncia su retirada por lo sobrecargado del calendario y para dedicarse a la familia.

EL SQUASH Y EL REAL MADRID, SUS OTRAS PASIONES

   Desde muy pequeño su afición por el motor se hizo notar, aunque sus comienzos en el mundo del deporte se desarrollaron entorno al squash, donde incluso llegó a proclamarse Campeón de España con 16 años, en 1980 y 1981.

   Animado por sus padres completó sus estudios e incluso cursó dos años de la carrera de Derecho, pero su verdadera vocación era el mundo del motor. Su cuñado, Juan Carlos Oñoro, su amigo y representante, Juan Carlos Lacalle, y su hermano Antonio, le introdujeron en las carreras y apostaron por su talento a los mandos de un coche.

   Pero otra de las pasiones de Sainz ha sido siempre el fútbol, y más concretamente el Real Madrid. De hecho, tras la renuncia de Florentino Pérez a la presidencia de la 'casa blanca', y el fugaz paso de Fernando Martín por el sillón presidencial, el piloto se presenta a las elecciones para dirigir el club, como vicepresidente del empresario Juan Miguel Villar Mir.

   Pese a partir como favorito en todas las quinielas, finalmente Ramón Calderón resulta el vencedor en unas elecciones marcadas por la polémica del voto por correo. Sin embargo, la gran afición e interés de Sainz por los asuntos ligados al Real Madrid hace que no haya que descartar que en un futuro pueda erigirse como el máximo mandatario de los blancos.