MADRID 14 Ene. (EUROPA PRESS) -
Uno de los grandes ladrones invisibles de espacio en la cocina no suele estar dentro de los armarios, sino a plena vista: el escurridor de platos tradicional. Presente en muchas encimeras casi por necesidad, este accesorio ocupa una superficie valiosa alrededor del fregadero y contribuye, sin que apenas nos demos cuenta, a generar una sensación constante de desorden.
Además del problema visual, algunos modelos clásicos presentan una desventaja menos evidente pero más importante: la higiene. En muchos casos, la vajilla húmeda queda en contacto directo con la bandeja inferior, donde se acumula agua durante horas. Si no se limpia y desinfecta con frecuencia, ese ambiente húmedo puede favorecer la proliferación de moho y bacterias, con las consecuencias que eso tiene para la limpieza de la cocina y la salud doméstica.
Frente a este escenario, cada vez más cocinas están optando por soluciones que aprovechan el espacio vertical y liberan la encimera. Y ahí es donde entran en juego los escurreplatos de pared, convertidos en el nuevo "favorito" para quienes buscan orden, amplitud y una cocina visualmente más limpia.
ESCURREPLATOS DE PARED: MÁS ESPACIO Y MEJOR HIGIENE
Los escurreplatos de pared se instalan sobre el fregadero o en una pared cercana, de modo que el agua cae directamente al lavabo sin necesidad de bandejas voluminosas. Al elevar la vajilla, la encimera queda completamente libre para cocinar, apoyar utensilios o simplemente despejar la zona.
Este diseño vertical no solo gana espacio, sino que también reduce la humedad acumulada. Al no quedar el agua estancada bajo los platos, se mejora la ventilación y se minimiza el riesgo de malos olores o moho. Muchos modelos incorporan baldas para platos, vasos y tazas, compartimentos para cubiertos e incluso ganchos para utensilios, lo que convierte el escurridor en un auténtico organizador.
ESCURREPLATOS DENTRO DEL ARMARIO: ORDEN QUE NO SE VE
Otra opción que está recuperando protagonismo es integrar el escurreplatos dentro de un mueble alto, normalmente situado sobre el fregadero. Durante años fue una solución habitual en muchas cocinas españolas, aunque con el tiempo fue quedando relegada por nuevas modas. Ahora vuelve a plantearse como una alternativa práctica y lógica: los platos se escurren y se guardan prácticamente en el mismo gesto, lo que simplifica la rutina diaria y despeja la encimera.
ESCURREPLATOS EN CAJÓN O MÓDULO BAJO: MINIMALISMO TOTAL
Frente a las soluciones en altura, también existen sistemas que trasladan el escurrido a los módulos bajos de la cocina. En este caso, los platos se colocan en vertical dentro de un cajón, aprovechando al máximo ese espacio y facilitando el acceso sin tener que desmontar pilas de vajilla.
Esta opción es especialmente interesante en cocinas pequeñas o muy minimalistas, donde cada centímetro cuenta y se prioriza una estética despejada. Además, al distribuir los platos de forma ordenada, se reduce el riesgo de golpes y se gana comodidad en el día a día.
TAPETES Y PAÑOS ESCURRIDORES: FLEXIBILIDAD SIN FIJOS
No todas las cocinas necesitan una solución permanente. En espacios reducidos o de uso ocasional, los tapetes y paños escurridores se han convertido en una alternativa ligera y económica. Se colocan solo cuando se lava la vajilla y se guardan después, liberando la encimera al instante.
Aunque no organizan tanto como un escurreplatos fijo, absorben el agua rápidamente y cumplen su función sin añadir volumen visual, algo muy valorado en cocinas pequeñas.
Liberar la encimera no es solo una cuestión de espacio físico: también influye en la percepción de orden y en esa "paz mental visual" que muchas personas buscan en casa. Por eso, elegir un sistema de escurrido adaptado al tamaño de la cocina, al número de personas que viven en ella y a los hábitos diarios marca una diferencia notable en el uso y disfrute del espacio.